Hay algo en las deportivas de estilo retro que se niega a desaparecer. El segmento de las 'modern classics' lleva más de una década en plena forma, y no parece que vaya a aflojar. Los motoristas quieren la estética de la era dorada sin las fugas de aceite, los caprichos de los carburadores y unos frenos que daban poco margen. Motos como la Triumph Bonneville, la gama Yamaha XSR e incluso la propia SportClassic de Ducati demostraron que la nostalgia vende, especialmente cuando viene acompañada de fiabilidad moderna. Y seamos sinceros. Una de las cosas que más llama la atención de la nueva Ducati Formula 73 es lo descaradamente que se apoya en esa energía Paul Smart. Si entornas los ojos, verás ecos de la Paul Smart 1000 LE de 2006 y de la GT1000. El semicarenado, la postura, todo recuerda a esas motos. Es mucho menos una declaración de prestaciones y mucho más una declaración cultural. Esta es la Ducati que compras porque siempre has querido una Ducati por su historia, su legado y su herencia. No porque quieras ser más rápido que nadie en la carretera. Y eso no es una crítica. De hecho, esta moto nos gusta... y mucho. Ducati, desde Bolonia (Italia), ha construido su reputación sobre la competición. Válvulas desmodrómicas, bicilíndricos en L, dominio en el Mundial de Superbikes, gloria en MotoGP. Pero también ha aprendido que no todo el mundo quiere una Panigale con potencia de tres cifras que pide a gritos vivir a 12.000 rpm. Mucha gente solo quiere algo con gancho. Algo emocional. Algo que se vea espectacular aparcado frente a una cafetería. Y la Formula 73 va directa a eso. Bajo todo ese 'disfraz' de herencia está la plataforma Scrambler 800. Esto es importante porque el bicilíndrico en L refrigerado por aire de 803 cm3 es uno de los motores más probados de Ducati. Es sencillo para los estándares de la marca, entrega una potencia aprovechable y no exige los rituales de mantenimiento de una superbike. Hablamos de algo más de 70 CV entregados de una forma amable y predecible. No va de presumir de velocidad punta. Va de un par que se siente (y suena) bien al rodar por ciudad. Y esa es la gracia de esta moto. Está diseñada y desarrollada para ser accesible. El chasis de la Scrambler siempre ha sido compacto y nada intimidante. La altura del asiento es asequible. La posición de conducción no te pliega en dos. Tienes electrónica moderna como control de tracción y ABS sin convertir la moto en una nave espacial. Sabor Ducati sin intimidación Ducati. En mercados como el estadounidense, los grandes V-twin y las motos de un litro dominan el segmento, pero una parte enorme de los motoristas quiere algo más ligero, más fácil y con más personalidad. La Formula 73 encaja justo en ese punto. Es lo bastante premium como para sentirse especial, pero no tan extrema como para asustar a quien viene de una naked de 450 cm3. Y sí, es perfecta para los hipsters de lo retro. Pero también lo es para quien siempre ha dicho “algún día tendré una Ducati” y no necesita 200 CV ni tiene que justificar 30.000 euros. Esta es la Ducati por el simple hecho de tener una Ducati. El emblema importa, el linaje ocupa el centro del escenario y el atractivo principal es la estética en conjunto.