Los 15 SUV deportivos que al fin hacen honor a su nombreLos 35 coches eléctricos con más autonomía del mercado, analizados: llegan más lejos de lo que creesLos 25 coches más esperados del 2026: apunta sus nombres La vida del periodista del motor regala, de cuando en cuando, experiencias enormemente exclusivas. A veces son exclusivas por la experiencia en sí misma, por el lugar, por el coche que las protagoniza, o por todo junto, como nos ha sucedido en esta ocasión con Alpine y su A390.Y es que, aunque ya pudimos conocerlo en profundidad, no todos los días se presenta la oportunidad de exprimir el novísimo crossover deportivo de la firma francesa "a todo lo que den" sus motores eléctricos. Y hacerlo, además, en un tramo de carretera real del País Vasco, cerrado por Alpine España para nuestro uso y disfrute. Una oportunidad de prueba a fondo nada común que nos ha permitido conocer mejor cómo se comporta el sucesor espiritual del A110 cuando lo aproximamos a sus límites.Cinco kilómetros de pura adrenalinaAlpine España no ha dejado nada al azar en esta pequeña pero intensa prueba. Para empezar, porque todos los permisos necesarios para despejar el tramo de tráfico están perfectamente cumplimentados. Para seguir, el tramo en cuestión no es una carretera comarcal cualquiera, sino una muy concreta en la zona de Azkoitia, a caballo entre San Sebastián y Bilbao y que suele figurar en el rutómetro de varios rallys y rallysprints regionales. Así que tiene un pedigrí que hacemos bien en no desdeñar.Y, para terminar, estamos acompañados por un equipo de instructores expertos, quienes permanecerán a nuestro lado en el asiento del copiloto, actuando como esa voz de la conciencia que nos ayudará a discernir cuándo y dónde merece realmente la pena hundir el pie derecho hasta el metal. Al frente de ellos figura Máximo Cortés, campeón en su día con los Fórmula 3 de antaño, hoy jefe de los programas deportivos del Grupo Renault en España. Él será quien lidere, con su propia unidad, la pequeña caravana de A390 que ya está alineada para salir. Él es la 'liebre' que nos demostrará, con su ejemplo, lo que es capaz de conseguir este modelo.Alpine A390 Tramo CerradoPara un fanático de los rallys como el que suscribe, ya el hecho de pasar conduciendo junto a una señal de inicio de tramo cronometrado supone un cierto aluvión de emociones. Pero 'Maxi' no nos va a conceder ni una cuenta atrás para saborearlo: tan pronto como todos ocupamos nuestro lugar en la caravana de los A390, se lanza en esta primera pasada guiada que será de subida.Lo de asimilar que no vamos a encontrarnos ningún coche extraño de frente nos dura el primer par de curvas, donde aún respetamos el carril derecho. Pero el A390 no se queja lo más mínimo por constreñir su trazada, y empezamos a ver y sentir cómo su tecnología de vectorización del par se gestiona con el fin de digerir las tímidas entradas en curva que le sugerimos con el volante.Alpine A390 Tramo CerradoUn par de curvas en escuadra después, llega el primer punto interesante. Una recta de ésas típicas de carretera montañosa, o séase, que no es una recta perfecta sino un leve zigzag, pero que puede atravesarse como una recta si elegimos bien dónde colocar el coche. Como podemos ocupar el centro de la calzada, lo hacemos y pasamos por aquí a fondo, como lo haría un 'Cohete' Suárez o un Cachón cualquiera, conteniendo el aliento en el pequeño rasante que encontramos a la mitad y que, a estas velocidades casi de autovía -unos 110 ó 120 km/h se nos aparecen en el rabillo del ojo-, no sería extraño que nos hiciera despegar del suelo por un instante.Pero, sorprendentemente, los amortiguadores del A390 se extienden lo suficiente para que la pérdida de contacto sea mínima, casi imperceptible. Después de las calmadas y tranquilizadoras indicaciones de la instructora, es el propio coche el que nos insufla el toque de confianza final. Lo vamos a necesitar, porque enseguida estamos frenando fuerte para encarar una sucesión de dos horquillas muy pronunciadas. Aquí, aprovechamos para trazar a lo clásico, fuera-dentro-fuera, y acelerar bruscamente cuando tenemos encarada la salida.Alpine A390 Tramo CerradoY nos llevamos una doble satisfacción: la dirección, bastante precisa y comunicativa para los tiempos que corren, no protesta lo más mínimo, y las enormes ruedas delanteras de 20 pulgadas buscan los ápices de inmediato; luego, el empuje de la aceleración se produce sin la más mínima sacudida de la parte trasera, ni siquiera chirrían los neumáticos. Vaya, que el subviraje y el sobreviraje, a priori, no parecen tener cabida en el A390.Si subir es divertido, bajar lo es más todavíaTerminar la subida y dar la vuelta nos deja listos para desandar -o quizá mejor 'descorrer'- estos 5 km de trayecto. Ahora, en bajada, un concepto toma posesión de nuestra mente: el peso. Lanzar una máquina de más de dos toneladas a los brazos de la gravedad no parece la mejor idea, pero pronto descubrimos que no resulta tan complicado beneficiarnos de esta ley física elemental, pues la sensación general es la de estar pilotando una máquina mucho más liviana, lo cual resulta sumamente agradable. Así, cualquier mínimo peralte o cuneta en las curvas convierte el descenso en una carrera de bobsleigh, que el A390 asume sin descolocarse.Alpine A390 Tramo CerradoOtras curvas, en cambio, revelan en este sentido una dificultad algo mayor de lo que nos habían supuesto en la subida, permitiendo que la frenada del A390, con gigantescas pinzas de seis pistones en el eje delantero -no se nos ocurre otro coche así con frenos más salvajes-, brille. Igualmente brillante es el tacto en el pedal, duro pero duro 'a la antigua', con un recorrido corto que devuelve en el pie la brutal fuerza que se aplica sobre los discos, a la manera de las carreras.Llegados de nuevo a la base del tramo, no nos espera la bandera a cuadros, pero igualmente cruzar la ficticia meta sabe a victoria, y huele a frenos recalentados. En apenas 10 kilómetros o poco más de cinco minutos, el Alpine A390 nos ha proporcionado una ilusión 'racing' que desborda los cinco sentidos, rematada por una sonrisa de satisfacción de las que levantan dolor en la cara. La ilusión, en definitiva, de sentirse piloto por un día.