Alpine presentó a finales del pasado año su nueva propuesta eléctrica, el A390. Lo definió entonces como un coche deportivo con traje, la combinación de todo el dinamismo que define a la marca francesa del Grupo Renault con la elegancia y polivalencia de una atractiva carrocería de cinco puertas con un posicionamiento que apunta al segmento prémium. Ya en la primera toma de contacto de EL MOTOR con el A390 se evidenciaron muchas de las cualidades del producto, todo un buque insignia para Alpine y la referencia de lo que la marca quiere ofrecer a sus incondicionales en tecnología de electrificación en los próximos años. Una mirada al futuro, pero siempre fiel a la tradición y filosofía de coches que han levantado pasiones desde 1955. En coincidencia con la llegada de la versión GT (la primera antes del próximo lanzamiento del GTS, que eleva su rendimiento a los 345 kW o 470 CV) al mercado nacional, Alpine España ha organizado una nueva toma de contacto con el A390. En esta ocasión, además del habitual recorrido por ciudad, carretera y autovía, se incluía la prueba en un tramo de montaña cerrado al tráfico en la provincia de Guipúzcoa. Unas circunstancias muy especiales, ya que permiten comprobar en condiciones reales, pero con mayor seguridad que en vías abiertas, todo el potencial de una variante que entrega 295 kW (400 CV) a través de sus tres motores: uno delantero y dos traseros, alimentados por una batería de iones de litio de 89 kWh de capacidad. Además, la inestabilidad meteorológica tan habitual en el norte del país propició que el asfalto se encontrara algo mojado, lo que suponía un desafío añadido para las posibilidades del A390. Un reto exigente Y es que el tramo elegido por Alpine para la prueba resultaba realmente exigente para cualquier automóvil, especialmente para uno de estas dimensiones (4,61 metros de longitud y dos metros de anchura) y peso (2.124 kilos): estrecho, con desniveles reseñables, sin arcenes, rodeado de bosque y vegetación, con curvas cerradas y la ya mencionada baja adherencia del firme. Recordemos que el Alpine A390 de 400 CV acelera de 0 a 100 km/h en 4,8 segundos y tiene una velocidad máxima declarada de 290 km/h. A ello hay que sumar que, entre sus diferentes opciones de conducción, incluye modos específicos para la potenciación de su rendimiento y dinamismo, como los denominados deportivo y pista. El primero fue el aconsejado por los monitores que acompañaban a los conductores para la ocasión, ya que resulta menos radical que el segundo y ofrece una mayor seguridad en una carretera convencional, aunque cerrada a la circulación. Alpine A390 Especialistas en la organización de competiciones automovilísticas se encargaron de la logística de la prueba, desde el corte autorizado del tramo al control de los accesos, además de la señalética oportuna o la comunicación entre las diferentes personas que velaban por la seguridad de la actividad. Así que con tales garantías, y en una pequeña caravana de tres coches liderada por un cuarto vehículo en manos de un expiloto profesional, fue posible exprimir por encima de lo habitual las posibilidades del Alpine A390. Sensaciones muy especiales Lo primero y evidente que se aprecia al iniciar la marcha con este eléctrico de talante deportivo es la entrega de potencia inmediata que se traduce en aceleraciones fulgurantes. Sin embargo, lo más reseñable considerando lo resbaladizo del asfalto fue la impresionante capacidad de tracción del A390, sin perdidas de motricidad en ninguno de sus ejes y con un empuje algo más contundente desde el trasero gracias a los dos motores posteriores. De este modo se llega a las curvas con una rapidez inusitada, para comprobar en ese momento que el equipo de frenos de este Alpine está correctamente dimensionado para exigencias elevadas. Los discos delanteros de 365 milímetros están mordidos por unas espectaculares pinzas de nada menos que seis pistones, mientras que los traseros también disfrutan de un generoso diámetro de 350 milímetros, en ambos casos autoventilados. Así que pisando con decisión el pedal del freno, el coche se detiene con eficacia y sin desconfigurarse en ningún momento. Alpine A390 Eso sí, hay que considerar que la exigencia de esta prueba superaba lo habitual en un uso en carretera, por muy intensivo que resulte. Por ello, al finalizar el tramo en doble sentido, especialmente tras el descenso que llevaba de regreso a la línea de salida, los frenos acusaban un cierto sobrecalentamiento, apreciable tanto en el tacto del pedal como, sobre todo, en el olor desprendido por las pastillas. Nada preocupante en todo caso, insistiendo en que este tipo de conducción difícilmente se realizará en carreteras abiertas. Impresionante agilidad Otro aspecto que sorprende en el A390 es la agilidad que exhibe en un trazado tan estrecho y virado. Ningún coche eléctrico de su tamaño puede ser ligero y este Alpine tampoco es pequeño como su hermano urbano A290. Así que lo razonable sería encontrar un conjunto rápido y solvente, pero tanto como perezoso. Nada más lejos de la realidad. El A390 gira con precisión, demuestra un magnifico aplomo en curva y pocos movimientos indeseados en aceleraciones o frenadas. Es cierto que en estas últimas conviene calcular las distancias: se llega muy rápido a las curvas y hay que dejar a la velocidad adecuada sus más de dos toneladas. Así que resulta obligado permanecer atentos a estos parámetros, porque el reseñable potencial prestacional de este eléctrico puro llegaría a poner en apuros a los más confiados. Alpine A390 En cualquier caso, e incluso en estas condiciones, la sensación de seguridad y control que transmite se antojan por encima de la media. La puesta a punto del chasis, un reparto de pesos muy equilibrado, las dimensiones de las ruedas, el tarado de la suspensión, la aerodinámica… todo en el A390 ha sido concebido para ofrecer un elevado disfrute de la conducción, próximo al pilotaje. Y otra cuestión que hace de este producto muy recomendable para determinados apasionados es que, desprendiéndose de este halo de deportividad, se trata de un coche muy utilizable en el día a día por confort, equipamiento, habitabilidad, tecnología y seguridad. Por supuesto que no es una opción para todos, pero quien tenga claro lo que puede ofrecer (y además pueda pagar 67.500 euros) verá más que satisfechas sus expectativas.