Suzuki siempre ha sido la marca que hace los deberes, termina antes de tiempo y luego observa cómo el resto entra en pánico. No persigue las modas ni intenta reinventarse cada cinco minutos. Y, aun así, de algún modo, sigue fabricando motos que envejecen muy bien, pese a ir objetivamente un par de años por detrás en tecnología. Y eso importa mucho más de lo que parece, porque explica por qué las últimas ediciones especiales de Suzuki para 2026, exclusivas para Austria, se ven a la vez totalmente innecesarias y absolutamente perfectas. Estas motos no están aquí para batir récords en los datos técnicos ni para estrenar complejos sistemas de asistencias. Existen porque Suzuki entiende algo que la industria a veces olvida: las motos son objetos emocionales. El sonido, el color y la identidad importan tanto como las cifras. Fotos de: Suzuki Las ediciones especiales de la GSX-8S funcionan bien. La Red Flash y la Blue Flash son lo que ocurre cuando Suzuki mira una moto que ya es buena y le añade gráficos llamativos y algunos accesorios atornillados. A nivel mecánico, no cambia. Sigues teniendo el motor bicilíndrico en paralelo de 776 cm³ con cigüeñal a 270 grados, el mismo chasis y toda la electrónica. En su lugar, las mejoras van directas a los sentidos. Gráficos llamativos y un escape Akrapovic con terminación en carbono, que está ahí por una razón: hacer ruido. Ese momento en el que abres gas bajo un paso elevado y recuerdas por qué la combustión interna sigue mandando en el corazón. Al parecer, la producción está limitada a unas 100 unidades, con un incremento de precio de alrededor de 800 euros respecto a la GSX-8S estándar. No es poco, pero tampoco es una barbaridad para una edición especial con respaldo de fábrica y con el silencioso Akrapovic incluido. Luego está la DR-Z4 SM Crush Special Edition, que parece haberse escapado de un refugio de esquí en los años 80. Esta moto es estridente en el mejor sentido posible, pues los gráficos son completamente descarados. Y mejor aún: Suzuki no te coloca las pegatinas. Te da el kit de adhesivos y lo haces tú. Suena aterrador, pero también es bastante brillante. No sólo compras una edición limitada. La terminas tú. Si la lías, es cosa tuya. Si te queda perfecta, pasa a ser tuya de una forma que ninguna moto pintada en fábrica puede lograr. Se rumorea que sólo existen diez ejemplares. La V-Strom 800 X-Tour es la más sutil y la más fácil de pasar por alto de este trío, pero quizá sea la más reveladora. Basada en la 800 RE de enfoque más rutero, con llantas de aleación, añade paramanos y un juego completo de maletas de aluminio, además de unos discretos gráficos con curvas de nivel de mapas. También esta edición especial es extremadamente exclusiva, con sólo cinco unidades previstas.