Aston Martin eligió las carreteras de Brihuega, en Guadalajara, para dejarnos por unas horas conducir el nuevo Vantage S y el escenario no podía ser más acertado. Entre curvas, campos de amapolas y largas rectas, tuve la oportunidad de sentarme a los mandos de la versión más prestacional del deportivo británico. Un coche que desarrolla 680 CV.El nuevo Vantage S cautiva por una silueta de proporciones perfectas, donde cada línea ha sido concebida para combinar belleza y funcionalidad. Su diseño atlético, marcado por una aerodinámica cuidadosamente optimizada, transmite una sensación de movimiento incluso en reposo. Los elementos específicos de la versión S refuerzan su carácter deportivo y su inconfundible identidad Aston Martin. Espectacular silueta se mire por donde se mire. Por favor, ¡os habéis detenido bien en la espectacular zaga que luce el Vantage S! Antes de iniciar la ruta, los responsables de la marca nos explican algunos detalles que convenía conocer. El motor cobra vida a través del gran botón de arranque situado en el centro de la consola, igual que ocurre en el DB12. Para seleccionar los distintos modos de conducción basta con girar el anillo que rodea el botón, con un agradable tacto mecánico en cada clic. Al ralentí, el V8 biturbo de 4.0 litros ya deja claras sus intenciones. El sonido es grave, profundo y contundente. También descubro otro detalle curioso: la apertura del capó sigue situada en el lado derecho, una de esas peculiaridades que recuerdan el origen británico del coche. Aunque el volante de nuestra unidad, menos mal, está a la izquierda. Delante de nosotros, tres colores a elegir: amarillo, verde y rojo. Muy difícil lección. Nos quedamos con el rojo. Solo necesité unos minutos para sentirme cómodo Reconozco que durante los primeros kilómetros me llamó la atención su tamaño. Con más de dos metros de anchura entre retrovisores, el Vantage S impone cuando circulas por algunas carreteras secundarias (por ellas transcurrió todo el recorrido). Sin embargo, esa sensación desaparece muy rápido. A los pocos minutos ya parecía que llevaba toda la vida conduciéndolo. Y eso es precisamente lo que más me sorprendió. Estamos hablando de un deportivo de motor delantero, propulsión trasera y 680 CV, capaz de acelerar de 0 a 100 km/h en apenas 3,4 segundos y alcanzar una velocidad máxima de 325 km/h. Sin embargo, a velocidades normales resulta perfectamente manejable. Foto: Remo Vicario La posición de conducción ayuda mucho. Vas sentado muy abajo, integrado en el coche, con una excelente visibilidad frontal y un volante que transmite confianza desde el primer momento. Precisión británica en estado puro Si algo define al nuevo Vantage S es la precisión. La dirección tiene un tacto magnífico y una respuesta inmediata. Todo lo que sucede bajo las ruedas delanteras llega perfectamente filtrado a las manos del conductor. Hay mucha información, pero nunca resulta nervioso ni incómodo. Aston Martin ha trabajado a fondo en esta versión S. Los ingenieros han revisado la suspensión adaptativa Bilstein, los soportes de la transmisión, la calibración de la dirección y diversos elementos del chasis para conseguir una mayor conexión entre coche y conductor. Y se nota. El eje delantero ofrece un agarre formidable y el tren trasero acompaña cada maniobra con absoluta naturalidad. El coche gira exactamente donde le indicas y transmite una sensación de precisión que invita a aumentar el ritmo curva tras curva. Cómo suena. Cómo acelera Hay coches rápidos y luego están los coches que te obligan a recordarte constantemente que no estás en un circuito. Como este, que en cada recta tenía que mentalizarme en ajustar la pisada al acelerador. El Vantage S desarrolla ahora 680 CV y 800 Nm de par, disponibles entre 2.750 y 6.000 rpm. Son cifras impresionantes, pero más impresionante aún es la forma en la que entrega toda esa potencia. La respuesta del acelerador es instantánea. Basta una ligera presión sobre el pedal para notar cómo el coche sale disparado con una contundencia extraordinaria. Y luego está el sonido. Desde el interior puede resultar algo presente cuando circulas a velocidad de crucero, pero desde fuera es absolutamente espectacular. Es imposible pasar desapercibido. No solo por una carrocería que ha ganado presencia y musculatura respecto a su predecesor, sino por la banda sonora que emana de sus cuatro salidas de escape. El modo Sport+ cambia completamente la experiencia Durante buena parte de la ruta conduje en modo Sport+, probablemente el programa que mejor resume la personalidad de este coche. El sistema permite elegir entre cinco configuraciones: Wet, Sport, Sport+, Track e Individual. En Sport+ los amortiguadores se endurecen ligeramente, la respuesta del acelerador gana inmediatez y el control de la carrocería alcanza un nivel sobresaliente. Es entonces cuando empiezas a entender realmente el trabajo realizado en esta versión. Al afrontar curvas rápidas se percibe cómo el coche se apoya inicialmente sobre el asfalto antes de asentarse con una estabilidad impresionante. A partir de ahí todo sucede con una naturalidad extraordinaria. Para resumir, como si fuera tu coche de toda la vida con el que vas al trabajo, haces la compra o llevas a "un niño" al cole (es que solo hay dos plazas). Las curvas se suceden una tras otra y el Vantage S parece pedir siempre una más. Las preciosas carreteras por los alrededores de Brihuega fueron el escenario perfecto para este coche. Un cambio automático que invita a jugar Me gusta conducir utilizando las levas, así que tardé poco en buscar el botón "Manual" situado detrás de la singular palanca de cambios para tomar el control total de la transmisión automática de ocho velocidades, aunque en marcha reconozco que es incómodo andar buscando este pulsador. Su ubicación no es especialmente intuitiva, pero una vez activado el modo manual todo funciona a la perfección. Las generosas levas, situadas detrás del volante, responden con rapidez y precisión. La dirección es tan directa que rara vez necesitas mover las manos incluso en curvas cerradas. Las reducciones son rápidas, las transiciones entre marchas resultan suaves y la sensación de control es total. Aunque si tengo que poner alguna pega, el indicador de marcha en la instrumentación podría ser algo más visible. En más de una ocasión tuve que apartar la vista un instante para comprobar en qué relación circulaba. También nos costó encontrar el reloj. Pero siendo sinceros, cuando conduces un coche así, la hora es probablemente lo último que te preocupa. Un interior que sigue apostando por los mandos físicos En una época en la que prácticamente todo pasa por una pantalla táctil, Aston Martin ha tenido el acierto de conservar controles físicos para las funciones más importantes. Hay mandos específicos para la climatización, el volumen del sistema de audio y distintos ajustes del vehículo (son unas ruedas giratorias de buen tamaño para hacerse con ellas de manera fácil). Todo queda a mano y todo transmite una sensación de calidad sobresaliente. El habitáculo combina Alcantara, cuero e inserciones de fibra de carbono, creando un ambiente claramente deportivo pero sin renunciar al lujo que se espera de la marca británica. Los asientos sujetan perfectamente el cuerpo y permiten afrontar largos viajes sin renunciar al confort. Más potencia, más carga aerodinámica y más carácter Visualmente, el Vantage S también introduce cambios específicos. Las nuevas salidas de aire sobre el capó ayudan a evacuar el calor del motor V8, mientras que el gran alerón trasero de ancho completo se convierte en la seña de identidad más evidente de esta versión. No es un simple elemento decorativo. Por sí solo aporta 44 kilos adicionales de carga aerodinámica a velocidad máxima y contribuye a alcanzar los 111 kilos de apoyo total generados por el coche a 325 km/h. También estrena llantas específicas de 21 pulgadas, nuevos detalles exteriores identificativos y múltiples posibilidades de personalización que permiten configurar prácticamente un coche único. Y eso es precisamente lo que suelen hacer sus clientes. (al marca nos confirma que prácticamente el total de sus ventas llegan con personalización). Aunque el precio arranca en torno a los 240.000 euros, la mayoría recurre al extenso catálogo de opciones de Aston Martin para personalizar cada unidad. Las entregas rondan actualmente los cinco meses, aunque algunos pedidos pueden superar incluso los siete u ocho meses debido al nivel de personalización solicitado. Un coche que deja huella Después de varias horas al volante entendí perfectamente por qué Aston Martin ha querido recuperar el apellido S para sus modelos más especiales. Es más potente, más rápido y más preciso que el Vantage convencional. Pero después de conducirlo por las carreteras de Brihuega tengo claro que su mayor virtud no está en los 680 CV ni en los 325 km/h de velocidad máxima. Está claro que las cifras impresionan, pero lo que realmente importa es la sensación que deja cuando te bajas. Y el nuevo Aston Martin Vantage S consigue algo que no todos los deportivos modernos pueden decir: hacerte disfrutar incluso cuando no vas rápido. Cada vez que me ponía al volante aparecía una enorme sonrisa en mi cara. Y la verdad es que ¡todavía no se me ha borrado!