La DGT confirma que los vehículos eléctricos son más sensibles a las bajas temperaturas y da las claves de cómo cuidarlos en invierno La Dirección General de Tráfico (DGT) ha puesto el foco en un aspecto que cada invierno vuelve a generar debate entre defensores y escépticos de la movilidad eléctrica. Con la bajada de las temperaturas eléctricas, Tráfico explica en qué medida afectan las bajas temperaturas a los coches eléctricos y qué se puede hacer para minimizar sus efectos. Según explica el organismo dirigido por Pere Navarro, el frío influye tanto en la comodidad al volante como en el rendimiento de la batería, en la autonomía real y en los tiempos de carga, haciendo que el uso del coche eléctrico en invierno requiera ciertos cuidados específicos.¿Por qué afecta tanto el frío a los coches eléctricos?La clave está en entender cómo funciona un coche eléctrico. Y es que, a diferencia de los vehículos con motor de combustión interna, en los que el propio motor genera calor de forma natural, el sistema central de un eléctrico, es decir, la batería, no produce calor de manera inherente.Esto provoca que el termómetro tenga un efecto negativo sobre su funcionamiento. Cuando las temperaturas descienden, las reacciones químicas que permiten liberar energía y aceptar carga se ralentizan, lo que se traduce en una pérdida de capacidad y de rendimiento.Según recoge la DGT, esta situación puede provocar una reducción significativa de la autonomía, además de alargar los tiempos de recarga. Por ese motivo, el organismo insiste en la necesidad de adaptar hábitos y rutinas durante los meses más fríos del año para preservar el estado de la batería y garantizar un uso eficiente del vehículo.Los consejos de la DGTUno de los primeros consejos es evitar tanto la descarga completa de la batería como mantenerla al 100% durante largos periodos cuando el coche no está en uso. Por eso, se recomienda mantener el estado de carga en torno al 80%, salvo que se vaya a realizar un desplazamiento largo. Esta práctica ayuda a preservar la salud de la batería y a reducir el impacto negativo del frío sobre su rendimiento.El lugar donde se aparca el coche también cobra especial importancia en invierno. Siempre que sea posible, la DGT aconseja dejar el vehículo en un espacio protegido del viento y de las bajas temperaturas, siendo el garaje la opción predilecta. Si se dispone de un punto de carga en propiedad, este también debería estar resguardado de las inclemencias meteorológicas. En caso de no contar con garaje, buscar un lugar más protegido o incluso aparcar bajo una farola puede marcar una diferencia notable, ya que una temperatura ambiente ligeramente superior ayuda a mitigar los efectos del frío.Otro aspecto clave es el uso del precalentamiento. Si el vehículo dispone de esta función, es muy recomendable activarla. Poner en marcha la climatización mientras el coche está conectado al punto de carga permite calentar el habitáculo sin consumir energía de la batería. De este modo, además de ahorrar energía, se mejora el confort y se evita perder autonomía una vez iniciado el trayecto. Eso sí, este gesto tiene sentido si se va a conducir el vehículo poco después de la recarga; si el uso se retrasa varias horas o hasta el día siguiente, no resulta eficiente.Y es que la climatización es uno de los grandes enemigos de la autonomía en invierno. La DGT señala que, en lugar de subir de forma excesiva la temperatura del habitáculo, es preferible priorizar el uso de elementos como los asientos o el volante calefactables, ya que consumen menos energía. En un coche eléctrico, toda la energía destinada a calentar el interior procede de la batería, a diferencia de los vehículos de combustión, que aprovechan el calor residual del motor.Previsión y planificación como grandes aliadosPlanificar los desplazamientos se vuelve aún más importante durante el invierno. Dado que la autonomía puede reducirse de forma notable, se recomienda identificar con antelación los puntos de carga del recorrido y dejar siempre un margen de seguridad en la batería, por ejemplo, el 20%. Para viajes largos, lo ideal es iniciar el trayecto con un nivel de carga alto y asumir que los tiempos de recarga pueden ser mayores si la batería está fría.Las bajas temperaturas también afectan a otros componentes del vehículo, como los neumáticos. Una presión inferior a la recomendada incrementa la resistencia a la rodadura y, con ello, el consumo energético. Por eso, la DGT aconseja revisar la presión y valorar el uso de neumáticos de invierno en zonas donde el hielo o la nieve sean habituales.En términos generales, los estudios citados por la DGT apuntan a que la pérdida de autonomía en climas fríos puede situarse entre el 20% y el 30% respecto climas más cálidos. A este descenso contribuyen tanto el menor rendimiento de la batería como el mayor consumo derivado de la climatización del habitáculo. Además, la carga rápida puede ralentizarse si la batería está demasiado fría, ya que muchos vehículos activan una función de precalentamiento de la batería para poder aceptar la carga a máxima potencia, lo que demora algunos minutos extra en el proceso de recarga.