Cuando un coche es nuevo, cada uno de sus sistemas funciona a la perfección y todo va sin problemas. Pero cualquier conductor con algo de experiencia sabe que, con el paso del tiempo, algunos componentes empiezan a fallar o, al menos, ofrecen una peor respuesta. El mejor ejemplo está en la palanca de cambios, que al principio se mueve de forma fluida pero que se va desgastando con cada kilómetro recorrido.Esa sensación de que cuesta cambiar de marcha y la palanca va dura es un dolor de cabeza para los conductores. Lo normal es pensar que el problema viene directamente de la caja de cambios, pero en realidad hay varias causas. Saber distinguirlas es crucial para solucionar la avería sin dificultades y, sobre todo, no agravar la situación. Posibles causas Así lo ha reafirmado Aron, uno de los mecánicos que trabaja en el taller SoloEmbrague de Barcelona. El especialista ha explicado que lo más habitual es confundir una avería del embrague con un problema en la caja de cambios: "Las marchas entran duras y la gente se piensa que se ha roto la caja, pero muchas veces el embrague no desacopla bien".Por qué cuesta meter las marchas: claves para distinguir una caja de cambios rota de un embrague desgastado La confusión puede deberse a síntomas similares como ruidos en el motor, pérdida de potencia o tirones al acelerar, pero también hay algunas diferencias. Por ejemplo, si el fallo está en la caja de cambios, los problemas son constantes y la conducción es en todo momento complicada, pero si el origen de la avería se encuentra en el embrague, las dificultades solo aparecen cuando el conductor cambia de marcha. Para evitar cualquier tipo de confusión, el mecánico ha explicado cuáles son las señales más claras de que el embrague está en mal estado. Las principales son el olor a quemado, las dificultades para meter las marchas, que el coche patine al acelerar y que el coche emita un pequeño zumbido al pisar el pedal del embrague. Otras diferencias Normalmente el conductor tiene más facilidad para detectar un problema en el embrague porque cambia por completo la sensación del pedal, que suele estar más blando o más duro. Es decir, afecta a la conexión entre el motor y la caja, mientras que un fallo en la caja de cambios se hace notar en el cambio de marcha, que es más duro o con la aparición de ruidos internos. En cuanto al precio, lo habitual es que una reparación de la caja de cambios sea más cara que una del embrague.