La motocicleta sigue siendo el principal punto crítico de la seguridad vial en España. Mientras el conjunto de usuarios de la vía ha logrado reducir su siniestralidad en la última década, los motoristas se mantienen como el único colectivo que no mejora. En 2024 fallecieron 441 conductores de moto, lo que representa el 25% del total de víctimas mortales, pese a que este tipo de vehículo apenas supone el 12% del parque.Con este escenario, la Dirección General de Tráfico (DGT) ha reunido al grupo de trabajo de "Motocicletas y seguridad vial" del Consejo Superior de Tráfico para analizar la situación y diseñar nuevas estrategias basadas en evidencia. Sobre la mesa, tres estudios elaborados por INSIA, Applus IDIADA y Sigma Dos que radiografían el problema desde el comportamiento del conductor, las características del vehículo y el impacto del equipamiento de protección. El grupo de trabajo de "Motocicletas y seguridad vial" del Consejo Superior de Tráfico y Seguridad Vial. España presenta además una tasa de mortalidad de motoristas superior a la media europea: el 23% de las víctimas mortales en carretera frente al 16% de la Unión Europea, según datos de 2022. Una brecha que se explica en parte por el elevado uso de motocicletas, comparable al de países como Italia, Grecia o Francia, pero también por factores estructurales que siguen sin corregirse. Un perfil experimentado, pero con conductas de riesgo El estudio de Sigma Dos, basado en más de 500 entrevistas, dibuja este perfil: el motorista tipo en España es experimentado —un 59% lleva más de una década conduciendo— y tiene una elevada percepción del riesgo. Sin embargo, esa conciencia no siempre se traduce en comportamientos seguros. Más de la mitad reconoce prácticas como superar los límites de velocidad, circular entre vehículos o utilizar el arcén. Además, quienes han sufrido accidentes acumulan más sanciones por exceso de velocidad, consumo de alcohol o drogas o por no utilizar casco. Uno de cada cuatro motoristas ha tenido al menos un siniestro en la última década, sin diferencias significativas por edad o sexo. No obstante, sí se detecta una mayor percepción de riesgo entre las mujeres: el 69,5% lo considera alto o muy alto, frente al 43,2% de los hombres. El informe también identifica un colectivo específico, los llamados "reborn": conductores que retoman la moto tras años sin usarla. Este grupo, que suele conducir por ocio y con menor frecuencia, reconoce adoptar prácticas inseguras pese a percibir una mayor peligrosidad. Formación: la palanca con mayor margen de mejora Solo el 22,6% de los motoristas ha recibido formación adicional. Sin embargo, más del 90% de quienes han realizado cursos de perfeccionamiento asegura haber mejorado su conducción, lo que sitúa la formación como una de las herramientas más eficaces para reducir la siniestralidad. En esta línea, la DGT ya ha reforzado el permiso A con más contenido práctico y ha impulsado cursos voluntarios de conducción segura y eficiente, que además permiten recuperar puntos del carné. Más de 700 motoristas han participado hasta ahora. Edad, potencia y tipo de moto: factores clave del riesgo El estudio de Applus IDIADA confirma que la siniestralidad responde a una combinación de variables. Los menores de 24 años presentan el mayor riesgo por kilómetro recorrido, aunque el volumen total de siniestros se concentra en conductores de mayor edad debido a una mayor exposición. La experiencia actúa como factor protector, incluso en motos de alta cilindrada. Aun así, las motocicletas de potencia media-alta están asociadas a una mayor mortalidad, mientras que las de hasta 125 cc registran más heridos graves. Destaca especialmente el caso de los scooter: representan el 51,1% del parque, pero concentran el 60,8% de los siniestros. Este dato refuerza la idea de que limitar la cilindrada no es suficiente y que el tipo de vehículo y el perfil del conductor deben integrarse en las políticas de seguridad. El equipamiento reduce drásticamente las lesiones El informe del INSIA subraya el impacto directo del equipamiento en la gravedad de los accidentes. El casco reduce el riesgo de muerte en un 42% y las lesiones en la cabeza en un 69%. La ropa técnica con protecciones disminuye entre un 23% y un 45% la probabilidad de lesiones, y hasta un 90% las abrasiones en las zonas protegidas. Los guantes reducen a la mitad las lesiones en manos, mientras que las botas recortan hasta un tercio las lesiones en pies y tobillos. Cambios normativos en camino Durante la reunión también se han avanzado las novedades del futuro Reglamento General de Circulación, actualmente en tramitación. Entre ellas, la obligatoriedad de guantes, calzado cerrado y chaleco reflectante especialmente para motoristas profesionales. Aunque no todo será obligatorio de inicio, la DGT quiere también impulsar el uso de airbag para motoristas, que ya se perfila como uno de los elementos clave de seguridad en los próximos años. La DGT apunta así a una estrategia más integral que combina formación, regulación y tecnología para abordar un problema que, hoy por hoy, sigue siendo el gran desafío de la seguridad vial en España.