Con 2,7 fallos graves por vehículo rechazado, los autobuses son los vehículos con más defectos serios en la Inspección Técnica de Vehículos El reciente informe sobre el estado de la seguridad vial en el transporte profesional ha arrojado un dato que evidencia una falta de supervisión y mantenimiento de estos vehículos profesionales cuanto menos preocupante con una media de 2,7 fallos graves por cada vehículo rechazado.Concretamente, este estudio revela que los autobuses se han posicionado como los vehículos con más defectos serios detectados en la Inspección Técnica de Vehículos (ITV). Es más, esta cifra sitúa a los vehículos destinados al transporte de pasajeros en el centro de una preocupante estadística que cuestiona el mantenimiento de las flotas encargadas de los desplazamientos colectivos en nuestras carreteras.La gravedad de la situación reside en la naturaleza de estas deficiencias, las cuales no son meras irregularidades administrativas o estéticas, sino fallos técnicos que comprometen directamente la estabilidad, el frenado y la integridad estructural de los autobuses.Por este motivo, el hecho de que por cada autobús que no supera la inspección se encuentren casi tres defectos de carácter grave sugiere un agotamiento en los ciclos de mantenimiento preventivo por parte de las empresas operadoras. Mientras que otros vehículos comerciales como furgonetas o camiones presentan ratios inferiores, el autobús se ha convertido en el líder negativo de esta clasificación de seguridad.Estos datos, son aún más relevantes si tenemos en cuenta que uno de los factores determinantes en este incremento de la siniestralidad técnica es el envejecimiento progresivo del parque móvil destinado al transporte de viajeros. Muchos de estos vehículos operan bajo regímenes de trabajo intensos, con paradas constantes y largos periodos de motor encendido, lo que acelera el desgaste de componentes críticos como el sistema de suspensión y los elementos de dirección.En definitiva, la acumulación de kilómetros, sumada a una inversión a veces insuficiente en recambios originales o en mano de obra especializada, termina aflorando de manera drástica en las estaciones de inspección.Por otro lado, los sistemas de frenado representan una de las áreas donde más defectos graves se concentran, lo cual resulta especialmente crítico en vehículos que pueden transportar a decenas de personas. Un desequilibrio en las fuerzas de frenado o un desgaste excesivo de los discos y pastillas puede ser la diferencia entre una detención segura y un accidente de consecuencias fatales.Junto a ello, los inspectores técnicos señalan que, en muchas ocasiones, estos fallos son detectables con una simple revisión visual o mediante pruebas de conducción cotidianas, pero el afán por mantener el vehículo en circulación retrasa la entrada al taller hasta que la ITV obliga a la inmovilización.Por si no eran suficientes las cuestiones anteriores, el alumbrado y la señalización también figuran entre los puntos negros de estas inspecciones. Aunque parezca un elemento menor, el correcto funcionamiento de las luces de freno, indicadores de dirección y sistemas de emergencia es vital para la comunicación con el resto de los conductores, especialmente en condiciones de visibilidad reducida o en trayectos nocturnos habituales en el transporte discrecional y escolar.Por lo tanto, la recurrencia de estos fallos demuestra una falta de chequeos diarios antes de iniciar la ruta, una práctica que debería ser obligatoria y rigurosa en todo el sector profesional.A raíz de estas conclusiones, las asociaciones de seguridad vial y las propias estaciones de ITV han expresado su preocupación ante esta tendencia ascendente. El transporte en autobús ha sido históricamente uno de los medios más seguros, pero este deterioro en la salud mecánica de los vehículos amenaza con romper esa estadística positiva.Es por ello por lo que se hace necesaria una supervisión más estricta no solo en los centros de inspección, sino también a través de inspecciones técnicas en carretera que sorprendan a aquellos operadores que descuidan el estado de sus máquinas entre los periodos obligatorios de ITV.De hecho, la responsabilidad no recae únicamente en los conductores, quienes a menudo son los primeros en notar las anomalías, sino en las estructuras empresariales que deben garantizar que cada unidad que sale a la calle cumple con los estándares más exigentes.Con 2,7 defectos graves de media, el mensaje de las autoridades es claro: el sector debe reaccionar de inmediato para evitar que la obsolescencia técnica se traduzca en una tragedia. La seguridad de miles de usuarios depende de que la rentabilidad económica nunca se sitúe por encima del rigor en el mantenimiento mecánico.