Hay marcas que se entienden en un concesionario y otras que solo terminan de explicarse al volante. Alfa Romeo pertenece claramente al segundo grupo. Y quizá por eso la firma italiana decidió reunir a más de 200 periodistas de 15 países en el circuito de Varano de Melegari, en Italia, para una experiencia inmersiva donde el objetivo no era simplemente conducir rápido, sino comprender qué significa realmente conducir un Alfa.La Alfa Romeo Driving Academy, desarrollada junto a la Scuderia de Adamich, propone algo más elaborado que una simple jornada de tandas: combina teoría, técnica y sensaciones para transformar el rendimiento en algo más tangible. O, dicho de otro modo, para que uno entienda cuándo está conduciendo bien y cuándo simplemente está siendo valiente. La jornada comenzó, precisamente, lejos de la pista. Antes de escuchar motores o buscar referencias de frenada, hubo una clase previa sobre posición de conducción y conceptos básicos de pilotaje. Puede parecer un trámite, pero basta con enlazar las primeras curvas para entender hasta qué punto una mala postura condiciona todo lo demás. Pese a no poder conducirlos, a la entrada del circuito nos recibían algunos de los Alfa Romeo más icónicos de la historia de la marca italiana. NG Después llegó uno de los ejercicios más divertidos del día. A bordo del Alfa Romeo Tonale, el reto consistía en completar un recorrido en forma de ocho en el menor tiempo posible, con un ingrediente extra: parte del trazado estaba artificialmente mojado. El objetivo no era únicamente marcar un buen crono, sino aprender a gestionar inercias, pérdida de adherencia y precisión en las maniobras. Para mí, fue probablemente el ejercicio más entretenido de toda la experiencia, incluso quedando segundo con un tiempo de 25.81 frente al primero que logró un crono de 25.78. Ese momento en el que el coche empieza a insinuar movimiento en una zona deslizante, obligándote a corregir rápido pero sin brusquedad, tiene algo adictivo. Pero el plato fuerte esperaba en pista Varano de' Melegari sirvió como escenario para probar algunas de las propuestas más interesantes de la gama Alfa Romeo. Desde el Giulia diésel, una alternativa que sigue demostrando un equilibrio dinámico notable incluso lejos de versiones deportivas, hasta el espectacular Giulia Quadrifoglio, probablemente el coche que mejor resume el ADN de la marca. Con más de 500 CV y un comportamiento extremadamente comunicativo, el Quadrifoglio no solo se dejaba disfrutar: también permitía analizar cada error. Y ahí es donde apareció uno de los elementos más interesantes de la Driving Academy: la telemetría. Tras completar varias vueltas, cada participante recibía un análisis individualizado de su conducción junto a un experto. Frenadas, aceleración, velocidad de paso por curva o trazadas quedaban registradas para compararlas después con las referencias ideales. Durante unos minutos, la experiencia abandonaba el territorio de la simple prueba de coches para acercarse a algo mucho más parecido a sentirse piloto de verdad por un día. Esa conversación posterior, viendo tus errores y aciertos reflejados en datos, añadía una dimensión completamente distinta a la conducción. La experiencia también permitió reencontrarse con el nuevo Junior eléctrico en su versión Veloce, un modelo que ya había podido probar anteriormente en el circuito de Balocco durante su lanzamiento. Allí ya dejó claro que Alfa Romeo quiere mantener parte de su carácter dinámico incluso en la electrificación, y en Varano, volvió a demostrarlo con un tacto directo y una puesta a punto sorprendentemente divertida. Aunque si hubo un coche capaz de robar protagonismo por pura emoción sensorial, ese fue el Stelvio Quadrifoglio. Más allá de prestaciones o cifras, su motor sigue ofreciendo algo cada vez más raro: personalidad acústica. Para mí, tiene el mejor sonido de toda la gama de Alfa Romeo. Una banda sonora grave, intensa y mecánica que convierte cada aceleración en parte de la experiencia. Porque al final, más allá de cronómetros, telemetrías o caballos de potencia, eso es precisamente lo que propone esta academia: recordar que conducir todavía puede ser algo emocional.