Imagen de archivo de torres eléctricasUnos días antes del gran apagón, el ministro de Transportes, Óscar Puente, señalaba el exceso de generación de las fotovoltaicas como la causa de unas caídas de tensión que habían dejado sin servicio a unos 10.000 viajeros de la Alta Velocidad. El ministro, sin embargo, no demostraba una clarividencia especial, puesto que ahora sabemos, una vez que se van conociendo los audios de las conversaciones entre técnicos de las operadoras y los de Red Eléctrica –grabaciones que, por supuesto, el Gobierno que presume de ser el más transparente de la historia de España ha intentado ocultar por todos los medios–, que el temor a que se produjera una «situación cero», es decir, dejar a España y Portugal sin luz, no solo venía incubándose desde el mes de enero anterior, sino que la culpa probable recaía sobre un exceso de producción de energía solar que no estaba respaldado por otras fuentes, esencialmente, la nuclear, que proporcionaban inercia al sistema. Así, el 7 de abril, 21 días antes del apagón, se registra esta conversación entre un técnico de Endesa y un trabajador de Red Eléctrica:–Tenemos un problemón brutal con las tensiones. ¿Cuál es el problema? ¿Qué hay poca demanda o mucha generación?–A ver… los intercambios y la poca generación que le da inercia al sistema, responden desde Red Eléctrica.A continuación, el técnico de Endesa plantea a su colega esta reflexión: «Creo que con esto vamos a tener que vivir los próximos años. Y como desmantelen las nucleares… va a ser el punto de inflexión». A lo que el técnico de Red Eléctrica asiente: «No, no puedes soportar esto, porque… en algún momento igual nos la damos, seguro casi». En efecto, tres semanas después «nos la dimos». «Mucha solar y apenas nuclear en el sistema», se advertía en otra comunicación el 16 de abril. Pues bien, resulta que acelerar camino del barranco debe ser muy progresista y muy de izquierdas, porque desde el «mejor Gobierno que ha tenido España en toda su historia», como dice el insigne pensador vasco Patxi López, se mantienen en su idea de cerrar las centrales nucleares, decisión tomada por un presidente en minoría parlamentaria, contra toda racionalidad y, además, de muy difícil reversión. Pero, luego, tenemos que aguantar lecciones ecologistas y sociales de unos tipos que no pueden ser más arrogantes ni más torpes –lo de corruptos me espero a la próxima sentencia del Tribunal Supremo–, incapaces de ver más allá de sus estereotipos. La cuestión no parece muy complicada si partimos de tres hechos. Que España no produce petróleo ni gas natural, que la lucha contra el calentamiento global es insoslayable, como dicen los de los partidos del Gobierno, y que la solución a ambos problemas es extender el proceso de electrificación a todo el sistema productivo. Conclusión de Pedro Sánchez: cerramos las nucleares, que son una fuente de energía flexible, autóctona, ya amortizada y, sobre todo, la más barata y eficaz para respaldar el despliegue de las más que necesarias fotovoltaicas. Total, mientras podamos seguir importando el gas que venden Trump y Putin, todos contentos. ¿Incoherencia? No. Socialismo.