Japón marca el camino atómicoCatorce años después de la tragedia de Fukushima, la central nuclear Kashiwazaki-Kariwa, la mayor del mundo por capacidad, ha retomado su actividad.La psicosis atómica no solo ha quedado atrás sino que el embudo energético que afrontan las economías asiáticas, más dependientes que las europeas del crudo del Golfo Pérsico, hace más crucial que nunca que el país del sol naciente disponga de todas las fuentes de generación posibles. La reactivación del reactor seis abre la puerta a que la planta Kashiwazaki-Kariwa, que cuenta con siete reactores combinados capaces de generar hasta 8.212 MW, ha hecho que la planta suministre energía a la zona metropolitana de Tokio, entre otras zonas. Antes del desastre de 2011, los reactores nucleares japoneses generaban alrededor del 30% de la electricidad nipona. En 2024, la energía nuclear representaba menos del 10%. El Ejecutivo japonés de Sanae Takaichi apuesta por impulsar las nucleares con vistas a alcanzar sus objetivos de reducción de emisiones. No es el único. Cada día que pasa más países -como Suecia o Reino Unido- aceleran para desarrollar un parque de generación nuclear que ofrezca autonomía energética y firmeza al suministro, incluidas algunas naciones tradicionalmente peleadas con esta tecnología, como Dinamarca o Italia. La palma se la lleva China, pero Estados Unidos o Francia no le van a la zaga. Todas ellas naciones punteras. De hecho, hay 413 reactores operativos en el mundo en 31 países. Solo el pasado año se conectaron a sus respectivas redes tres nuevos grupos y siete reactores comenzaron a construirse. Al menos 38 países han anunciado planes para triplicar la potencia nuclear global hasta 2050, algunos de ellos sin posibilidades hasta hace poco, como Bangladés, que acelera la puesta en marcha de los dos reactores de Rooppur (a 160 kilómetros al noroeste de la capital, Daca, que generarán 2.400 megavatios de electricidad limpia) para sortear la crisis energética actual con una población que crece a ritmo meteórico, rozando la de Brasil. Pedro Sánchez no puede ignorar todas estas señales, tampoco las del apagón, o de lo contrario es que hay un ciego a los mandos de la nave o peor, un inconsciente.