Los grandes frenos del coche eléctrico en España Estamos en pleno 2026 y, todavía a día de hoy, cuando se pregunta a alguien que va a cambiar de coche en qué está pensando, es raro que diga: “en un coche eléctrico”. La penetración de los modelos de cero emisiones en el mercado español crece poco a poco, pero a un ritmo incluso menor del esperado. Así, es normal preguntarse: ¿cuáles son los grandes frenos del coche eléctrico en España?De una manera rápida, se nos pueden ocurrir bastantes causas para ello: un precio de compra elevado frente a los coches de combustión, una infraestructura de recarga insuficiente y mal distribuida, tiempos de carga más largos que repostar combustible, una autonomía real inferior a la homologada, la dificultad para cargar en casa y la dependencia de la red pública de carga en muchos casos, las ayudas públicas que son lentas o poco claras…Son factores que afectan claramente, pero que se pueden aplicar tanto a España como a casi cualquier otro país de occidente que esté en una situación similar. Para centrarnos en el caso concreto del país, lo mejor es mirar a los datos, para ver cómo están las cosas de verdad, cuál es la situación real y que problemas específicos hay.Por suerte, recientemente se ha publicado el Barómetro de Electromovilidad de ANFAC correspondiente al primer trimestre, que pone las cartas sobre la mesa: las ventas de modelos de cero emisiones crecen, pero por debajo de lo que se necesita para alcanzar los objetivos, y lo mismo ocurre con la infraestructura de recarga, con el problema adicional de que además hay muchos puntos que ni siquiera están operativos.Más coches eléctricosSegún el barómetro, el indicador de penetración del vehículo electrificado ha crecido 2,5 puntos en este trimestre, situándose en 35,9 sobre 100. Este dato refleja una mejora respecto a periodos anteriores, pero también pone de manifiesto cierto estancamiento en las ventas de turismos electrificados durante los últimos meses. Es aquí donde se nota el efecto de las ayudas públicas, ya que el Plan Auto+ se anunció, pero tras meses de espera no se sabe nada nuevo al respecto.Si se analiza el comportamiento por comunidades autónomas, se observa un avance desigual. Navarra lidera el ranking nacional con 50,2 puntos, seguida de Castilla-La Mancha (39,2), Madrid (38,9) y Cataluña (37,8). Algunas regiones, como Cantabria, Castilla-La Mancha, Madrid y Castilla y León, han registrado los mayores crecimientos en este periodo, lo que indica que el desarrollo del coche eléctrico no es homogéneo en todo el territorio. Esta disparidad territorial influye directamente en la percepción del usuario: allí donde el ecosistema está más desarrollado, la adopción es más rápida, pero donde no, hay más dudas y menos confianza.El verdadero problema aparece al comparar España con el resto de Europa, porque evidencia el retraso del país.. La media europea también ha crecido 2,5 puntos en el mismo periodo, alcanzando los 46,3 puntos, lo que deja a España más de 10 puntos por debajo. Países como Noruega, que lidera claramente el ranking, o mercados como Países Bajos, Italia y Alemania, han avanzado a un ritmo similar o superior. Es decir que, aunque España mejora, no consigue recortar distancias, lo que refuerza la idea de que el coche eléctrico aún no termina de despegar con fuerza en el país.Una infraestructura de recarga insuficienteUno de los factores más determinantes para que exista esta percepción es la infraestructura de recarga. El indicador correspondiente apenas ha crecido 0,7 puntos en el primer trimestre, hasta situarse en 14,8 sobre 100. Este avance, aunque positivo, supone una clara ralentización respecto a años anteriores. Además, la comparación con Europa vuelve a ser demoledora: la media comunitaria alcanza los 29,6 puntos, prácticamente el doble que la española. Esto, de nuevo, tiene un impacto directo en la confianza del consumidor, ya que la disponibilidad de puntos de carga sigue siendo uno de los elementos clave a la hora de plantearse la compra de un vehículo eléctrico.A nivel regional, Castilla y León, Cantabria y Navarra lideran el desarrollo de infraestructura, pero incluso en estos casos los niveles siguen siendo moderados. Además, existen importantes desigualdades entre provincias: mientras 18 ya han alcanzado o superado sus objetivos de potencia instalada para 2026, otras 12 se encuentran por debajo del 50%. Esta falta de equilibrio territorial refuerza uno de los principales problemas del mercado español: la sensación de que el coche eléctrico no es igual de viable en todas las zonas.Algo positivo es que los puntos de recarga ultrarrápidos, los que operan a potencias superiores a 250 kW, han crecido de forma notable, con 309 nuevas unidades en el primer trimestre. La cifra puede no parecer muy alta, pero es el 43% de todos los puntos que se instalaron en 2025, lo que deja claro que en este campo todavía queda mucho por recorrer.Lo peor es lo siguiente: prácticamente una cuarta parte de todos los puntos de carga instalados no están operativos. Según los datos del barómetro, 17.073 de los puntos de recarga instalados no se encuentran operativos por distintos motivos. Es, una vez más, un factor que crea desconfianza en el conductor. Si ya se preocupa por la autonomía, pensar que es probable que llegue a un punto y no pueda recargar su coche eléctrico es algo que echa todavía más para atrás.José López-Tafall, director general de ANFAC, ha explicado respecto al barómetro que “los datos reflejan una tendencia favorable, con cerca de 70.000 vehículos electrificados matriculados en este primer trimestre y una cuota de mercado del 19,1%, que demuestran una buena evolución de esta tecnología en nuestro país”.A pesar de ello es realista, porque el informe “evidencia que, pese a los avances, persisten retos relevantes que deben abordarse con determinación, especialmente en lo relativo al desarrollo y eficiencia de la infraestructura de recarga de acceso público”, especialmente el hecho de que “actualmente, uno de cada cuatro puntos de recarga instalados no se encuentra operativo, lo que limita el potencial de la red, y pone de manifiesto la necesidad de agilizar los procesos administrativos y mejorar la interoperabilidad para optimizar su funcionamiento”.