Aunque el coche sea el vehículo más utilizado en las carreteras de todo el mundo, hay muchos conductores convencidos de que las motocicletas son un mejor medio de transporte. En ciudad ofrecen más agilidad y facilidad para moverse entre el tráfico, pero más allá de las ventajas del uso diario, hay cada vez más personas que las utilizan simplemente para salir a conducir por puro placer.En ese tipo de rutas es habitual ver motocicletas inclinándose al máximo en cada giro. Es una imagen muy asociada al mundo del motor y en parte se puede decir que tumbar la moto forma parte de la conducción, pero la realidad es que hacerlo de forma incorrecta o excesiva aumenta el riesgo de sufrir un accidente. Cómo tomar las curvas La Dirección General de Tráfico lleva un tiempo insistiendo en ello. A través de sus redes sociales, el organismo ha recordado que circular con seguridad supone gestionar correctamente las curvas y el trazado de las mismas. No es para menos, ya que suelen ser la parte más peligrosa de la conducción y, curiosamente, un momento en el que se suelen tomar muchos riesgos. El primer paso para trazar una curva es situarse en el exterior del carril para tener un radio de giro amplio. Después hay que frenar y reducir marcha para adoptar la velocidad, y solamente entonces llega el momento de iniciar el giro. Una vez dentro de la curva, la DGT recuerda que, sin acelerar y procurando no girar, se puede inclinar la moto sin llegar a tumbar. Por último, el conductor puede abrir gas solamente para mantener la velocidad, y una vez en la salida, enderezar la moto y volver a acelerar. Más allá de estos seis pasos, la DGT insiste en la importancia de mantenerse siempre dentro del carril y de no forzar la motocicleta, ya que cualquier fallo en una curva es extremadamente peligroso. El aviso de la DGT a los motoristas para coger una curva con seguridad: "Inclinado sí, tumbado no"La postura Otra de las claves para trazar las curvas con seguridad es mantener una postura correcta. En este sentido, el conductor debe circular con una postura relajada, con los codos no muy separados del cuerpo y las rodillas pegadas al depósito. Por otro lado, los pies tienen que ir en horizontal y la puntera nunca debe apuntar hacia el suelo. Además, es recomendable mirar a lo lejos para identificar posibles peligros.