La movilidad eléctrica vive un momento extraño, pero interesante. El crecimiento explosivo de los vehículos sin emisiones se ha enfriado un poco, pero la innovación no se ha detenido. Los fabricantes siguen probando ideas que, sencillamente, no eran posibles en plataformas de combustión. En el mundo de las dos ruedas, eso significa que las motos eléctricas están dejando de ser sólo alternativas más limpias para desplazamientos urbanos. Cada vez más se convierten en auténticas plataformas tecnológicas sobre ruedas, repletas de sensores, software y conectividad. Ahí es donde entra en acción una empresa como Omoway. La startup fue fundada por antiguos directivos de Xpeng, una marca conocida por impulsar sistemas avanzados de asistencia a la conducción y tecnología de conducción autónoma en coches. El planteamiento de Omoway va en esa línea. En lugar de crear otro scooter eléctrico más, la compañía quiere trasladar a las motos tecnologías de movilidad inteligente propias del automóvil. Su primer producto es el OMO-X, un scooter eléctrico que, según Omoway, es la primera moto sin emisiones producida en serie con autoequilibrado... si el proyecto llega a buen puerto. El elemento central es el sistema 'Halo Pilot', que combina cámaras, sensores de radar y software de IA para asistir al conductor y, en algunos casos, asumir determinadas tareas. La función más llamativa (y también controvertida) es la capacidad de la moto para mantenerse en equilibrio por sí sola. A baja velocidad o en parado, la electrónica mantiene la moto erguida activamente sin necesidad de caballete. Es más, incluso puede avanzar lentamente sin piloto y aparcar por sí misma. Y, al estilo Tesla, también puede ser llamada desde un smartphone: sale sola de una plaza de aparcamiento y se mueve hasta donde está su propietario. Fotos: Omoway Más allá de eso, el OMO-X incorpora funciones que empiezan a verse en motos de alta gama. Los sensores de radar vigilan el tráfico que circula detrás para ofrecer avisos de ángulo muerto y alertas de colisión, mientras que los sensores delanteros permiten el control de crucero adaptativo. Ahora bien, cuando una moto puede mantenerse en equilibrio por sí misma surge una pregunta interesante: ¿estamos resolviendo un problema real o estamos eliminando una de las habilidades fundamentales que, de entrada, da sentido a montar en moto? Desde luego, la tecnología de autoequilibrio podría hacer las motos más accesibles, especialmente para quienes empiezan o para personas intimidadas por modelos más pesados. También podría facilitar la conducción urbana cuando avanzas despacio entre el tráfico o maniobras en aparcamientos estrechos. Sin embargo, también se puede argumentar que el propio reto de mantener el equilibrio es lo que hace que una moto sea segura y controlable. Si se elimina, literalmente se está dejando la seguridad en manos de una máquina. Así que está por ver si el OMO-X acaba convirtiéndose realmente en la primera moto eléctrica autoequilibrada producida en serie. Pero incluso si lo logra, la gran cuestión quizá no sea si la tecnología funciona. Es si los motoristas quieren de verdad una moto que equilibre por ellos.