Toshihiro Mibe (64 años), CEO y presidente de Honda, sobre la producción en China: "No tenemos ninguna posibilidad contra esto" El mensaje lanzado por Toshihiro Mibe, presidente y CEO de Honda, tras un reciente viaje a China ha sido tan directo como clarificador respecto al momento que atraviesa la industria del automóvil a nivel global: “No tenemos ninguna posibilidad contra esto”. La frase, pronunciada después de visitar una fábrica de proveedores en Shanghái, no solo refleja el impacto que ha causado en el directivo japonés el nivel tecnológico y productivo del país asiático, también pone de manifiesto el cambio de poder que se está produciendo en el sector del automóvil.La declaración de Mibe se produjo tras analizar de primera mano el funcionamiento de la cadena de suministro china, que actualmente se considera como una de las más avanzadas y eficientes del mundo. Según recoge Nikkei Asia, el ejecutivo quedó impresionado por la capacidad de los fabricantes y proveedores locales para desarrollar y producir componentes a gran velocidad y con costes muy competitivos. A expensas de lo visto, su conclusión fue demoledora: la industria tradicional del motor, tiene serias dificultades para competir en igualdad de condiciones. Y no es algo que solo afecte a los fabricantes nipones, es común también a los europeos y a los estadounidenses.Uno de los factores clave que explican esta percepción es la llamada “China Speed”, un concepto que define la rapidez con la que las compañías del país asiático son capaces de desarrollar nuevos vehículos y al que ya han hecho referencia otras marcas como Renault, que ha querido copiarlo en cierta manera con el rápido desarrollo del Renault Twingo.Mientras que los fabricantes tradicionales pueden tardar cuatro años o más en lanzar un nuevo modelo, en China este proceso puede completarse en apenas dos años o incluso menos. Esta diferencia no solo afecta al tiempo de desarrollo, sino también a la capacidad de adaptación a un mercado que evoluciona rápidamente hacia la electrificación y la digitalización. Sencillamente, las marcas chinas funcionan a un ritmo que sus rivales de toda la vida no pueden replicar.El impacto de esta brecha ya se está reflejando en los resultados de Honda en China, el mayor mercado automovilístico del mundo. Las ventas de la compañía han caído de forma significativa en los últimos años, pasando de 1,62 millones de unidades en 2020 a apenas 640.000 en 2025, con previsiones de seguir descendiendo. Este retroceso se produce en paralelo al auge de fabricantes locales, liderados por BYD, que han sabido capitalizar su dominio en baterías y software para ganar cuota de mercado tanto dentro como fuera de China.Ante esta situación, Honda ha iniciado un proceso de transformación interna con el objetivo de recuperar la competitividad. Una de las principales medidas consiste en devolver el protagonismo a los ingenieros dentro de la organización, reduciendo la burocracia y acelerando los procesos de desarrollo. La estrategia busca recuperar parte del ADN histórico de la marca, tradicionalmente centrado en la ingeniería, para adaptarse a un entorno en el que la innovación tecnológica es determinante. De manera colateral, esto debería hacer que los procesos de desarrollo se acortasen para asemejarse, aunque sea en parte, al ritmo que imponen los representantes chinos.El propio Mibe ha reconocido la urgencia de actuar tras su experiencia en China, instando a la compañía a acelerar sus tiempos de producción y desarrollo. Este cambio de enfoque responde a una realidad cada vez más evidente: la competencia ya no se basa únicamente en la calidad del producto, sino en la capacidad de innovar rápidamente y a gran escala.Y es que el desafío no es exclusivo de Honda. En general, los fabricantes tradicionales se enfrentan a un entorno cada vez más complejo, en el que China ha logrado posicionarse como líder gracias a una combinación de factores: una cadena de suministro altamente integrada, un fuerte apoyo institucional y una enorme capacidad de producción.Es por eso que en los últimos meses, representantes de otras marcas también han hecho declaraciones que apuntan en la misma dirección.El director ejecutivo de Ford, Jim Farley, fue claro hace unos meses: “Tienen suficiente capacidad de producción en China, con fábricas ya existentes, para abastecer a todo el mercado norteamericano; nos dejarán a todos fuera del negocio”.El ex director ejecutivo de Toyota, Koji Sato, tampoco se cortó en su momento: “Si las cosas no cambian, no sobreviviremos. Quiero que todos reconozcan esta gravedad de la situación”.Podría parecer alarmismo, pero cuando ejecutivos de distintas marcas reconocen a la vez el peligro que suponen los nuevos actores que llegan de China, es porque es una realidad. Ante esta tesitura, como suele decirse, solo les queda adaptarse o morir.