A finales de los años 90, en un momento de profunda transición para el diseño automovilístico, Peugeot y Pininfarina decidieron plantearse cómo podría llegar a ser un gran buque insignia europeo. La respuesta tomó forma en 1997 con el Nautilus, un prototipo que no se limitaba a anticipar futuros estilos, sino que proponía una verdadera reflexión cultural sobre el lujo, la deportividad y la identidad de las berlinas de gama alta. La base técnica Presentado en el Salón de Ginebra, el concept se construyó sobre la base técnica del Peugeot 605, del que utilizaba el chasis debidamente modificado. La distancia entre ejes aumentaba en 15 centímetros, mientras que las vías se ensanchaban 6 centímetros a cada lado, lo que favorecía una presencia en la carretera más sólida e imponente. A pesar de un peso total de unos 1.800 kg, el objetivo del proyecto seguía siendo crear un cuatro puertas deportivo, elegante y refinado, capaz de competir, en un mundo ideal, contra los grandes buques insignia alemanes de la época. Peugeot Nautilus Concept (1997), vista trasera El diseño exterior, firmado por Ken Okuyama (diseñador del Ferrari Enzo, entre otros), bajo la supervisión de Pininfarina, se inspiraba explícitamente en el entorno marino. Así las cosas, la carrocería lucía una pintura mate, una elección decididamente vanguardista para la época. El frontal del Peugeot presentaba una parrilla trapezoidal vertical con decoraciones en pequeños rectángulos y faros estilizados, y anticipaba soluciones que entraron en el lenguaje estilístico de la casa francesa en los años siguientes. Una limusina futurista El Nautilus también resultaba innovador en los detalles. Por ejemplo, las manillas de las puertas estaban integradas en los marcos de las ventanas, mientras que en lugar de retrovisores exteriores había cámaras. Peugeot Nautilus Concept (1997), el interior También en el habitáculo aparecían varias soluciones particulares y referencias al mundo marino. Las líneas interiores evocaban las olas del mar y la división cromática de los asientos (azules delante y grises detrás) subrayaba la diferente función de los espacios. La zona trasera estaba concebida como un salón refinado, mientras que el asiento del conductor potenciaba la ergonomía y la funcionalidad. Una amplia superficie acristalada atravesaba el techo, anticipando soluciones que Peugeot llevaría posteriormente a la producción, a partir del 307 SW. Bajo el capó, había un motor V6 atmosférico de gasolina de 3 litros y 197 CV. La tracción era delantera y todo ello se combinaba con una caja de cambios manual de cinco velocidades. El Nautilus no estaba destinado a la producción en serie, sino que representaba una declaración de intenciones. Y, más de 20 años después, sigue siendo uno de los concept cars más significativos en la historia de la marca del león. Galería: Concepto Peugeot Nautilus (1997)