Hoy nos ponemos al volante de un vehículo que combina dos mundos completamente diferentes. Por un lado el de un vehículo familiar para ir a la compra y, por otro, el de un coche para rodar en un circuito. Estamos hablando del Audi RS6 Avant Performance, la bestia familiar.Estéticamente es una declaración de intenciones. Solamente comparte tres elementos con el A6, digamos, convencionales, las puertas delanteras, el techo y el portón. Y es que es cuarenta milímetros más ancho en cada lado, lo que le confiere un aspecto atlético e intimidante.Ese buenas sensaciones se trasladan al interior. Como todo buen Audi, utiliza materiales nobles, que combina con guiños al mundo de las carreras. Las siglas RS y el color rojo van siempre unidas, y este vehículo no va a ser una excepción.La digitalización es total con el Audi virtual cockpit de 12.3 pulgadas que, como no puede ser de otra manera, incluye funciones de competición en esta variante Performance. Un indicador luminoso se indica el momento óptimo del cambio de marcha, y el “Launch Control”, que utiliza iconos de semáforo, avisa del momento perfecto para salir lanzados.La esencia del apellido “performance” reside bajo el capó. El conocido bloque V8 biturbo TFSI de 4.0 litros ha sido sometido a una cirugía de alta presión. Se instalaron unos turbocompresores más grandes y se incrementó la presión de sobrealimentación de 2,4 a 2,6 bares. ¿Resultado?, la potencia salta de los 600 CV del modelo base hasta unos imponentes 630 CV, con un par motor no se queda atrás, con 850 Nm. ¡Ojo!, y todo ello con etiqueta ECO de la DGT.Si visualmente y en equipamiento, el Audi RS6 Avant Performance te enamora con un simple vistazo, como mejor se disfruta es en carretera, rodando tanto en la jungla de la ciudad como en el desierto de la carretera.Antes de ponernos en marcha es obligado modular el carácter del vehículo a través del Audi drive select, en donde nos ofrece seis modos de conducción que van desde el “efficiency” hasta los modos configurables RS1 y RS2, accesibles directamente desde un botón en el volante. Es aquí donde el RS 6 performance muestra su doble cara: puede ser un transporte familiar cómodo y silencioso o una máquina de circuito capaz de alcanzar los 305 km/h.Es, en definitiva, el testamento definitivo de Audi a la era de los motores V8 antes de la electrificación total.