Hay objetos en carretera que parecen insignificantes. Una naranja tirada en el asfalto puede parecer simple basura o mercancía caída de otro vehículo, pero algunos expertos ya alertan de los riesgos de pasar sobre ella sin precaución. En los últimos meses han aumentado los avisos relacionados con métodos usados para obligar a detener coches en lugares apartados. Lo más llamativo es que utilizan elementos cotidianos que apenas generan sospechas. Una práctica que sorprende por su sencillez La llamada atención sobre las naranjas comenzó a extenderse después de varios avisos compartidos entre conductores y cuerpos de seguridad. El sistema es simple: dejar frutas u otros objetos similares repartidos en calles poco transitadas o carreteras secundarias. A simple vista, parecen restos caídos accidentalmente de una caja o mercancía olvidada. El problema aparece cuando algunos de esos elementos esconden piezas metálicas afiladas capaces de perforar un neumático al pasar por encima. El conductor no suele notar el pinchazo de inmediato. Primero aparece un leve ruido o una sensación extraña en la dirección. Después llega la pérdida de presión y la necesidad de detener el coche para comprobar qué ocurre. Método de la naranja para robar coches. Imagen de Instagram. El momento que buscan los delincuentes La intención no suele ser el daño al vehículo. El verdadero objetivo llega cuando el ocupante se ve obligado a parar y salir del automóvil en una zona aislada o con poca presencia de otras personas. Los delincuentes aprovechan ese instante de desconcierto para acercarse rápidamente. En ocasiones buscan sustraer bolsos, móviles o mochilas visibles desde el exterior. Otras veces esperan simplemente un descuido para actuar sin levantar sospechas. Por eso, muchos expertos recomiendan no detenerse inmediatamente tras notar un posible pinchazo si el entorno no ofrece seguridad suficiente. Avanzar hasta un lugar iluminado o concurrido puede evitar un problema mayor. No solo ocurre con frutas Aunque el llamado “truco de las naranjas” es uno de los más comentados, no es el único método que utiliza objetos cotidianos para sorprender a los conductores. Otra técnica bastante conocida consiste en colocar una botella de plástico entre el neumático y el paso de rueda. El envase suele situarse en el lado del copiloto para dificultar que el dueño del vehículo lo detecte antes de arrancar. Cuando el coche comienza a moverse, el plástico genera un sonido seco y repetitivo que provoca alarma inmediata. La reacción habitual es detenerse rápidamente y bajar para revisar la avería. Ese instante es precisamente el que esperan quienes utilizan esta maniobra. Si el conductor deja el vehículo abierto o con el motor en marcha, el acceso al interior resulta mucho más sencillo. Truco botella robo coche La moneda que impide cerrar la puerta También se han detectado casos relacionados con monedas introducidas en las manillas o cerraduras de algunos automóviles. El objetivo es impedir que una de las puertas se bloquee correctamente cuando el conductor activa el cierre centralizado. Desde fuera, todo parece funcionar con normalidad. El coche emite el sonido habitual y las luces se encienden como siempre. Sin embargo, una puerta permanece abierta sin que el propietario se dé cuenta. Horas más tarde, los ladrones regresan y acceden al interior sin necesidad de forzar cerraduras ni romper ventanillas, algo que reduce el riesgo de llamar la atención. El fallo que más se repite al volante Muchas de estas situaciones tienen algo en común: la reacción automática de los conductores. Ante un ruido extraño o un problema inesperado, la mayoría actúa por impulso y baja del coche sin comprobar antes el entorno. Ese gesto puede convertirse en una oportunidad perfecta para quienes buscan aprovechar un momento de nerviosismo o distracción. Por eso, las recomendaciones actuales insisten en mantener la calma y analizar primero lo que sucede alrededor. También conviene revisar visualmente el vehículo antes de iniciar la marcha, especialmente si ha permanecido estacionado durante varias horas en la calle o en aparcamientos poco vigilados.