La residencia de Suecia en Madrid se ha convertido en el escenario elegido para mostrar por primera vez en directo el nuevo Volvo EX60, en un acto en el que tanto el CEO de Volvo España, José María Galofré, como el embajador de Suecia en nuestro país, Per-Arne Hjelmborn, han compartido la transición hacia una movilidad sostenible.Nuevo Volvo EX60. El máximo responsable de Volvo en España, ha defendido sin ambages la lógica del coche eléctrico, incluso recurriendo a una reflexión histórica: si la automoción hubiera nacido siendo eléctrica, el paso hacia el motor de combustión sería hoy impensable. En su intervención, ha recordado que los motores eléctricos son más simples, con menos piezas, menos fricción, menos ruido y sin emisiones directas. Frente a ello, el motor térmico implica complejidad mecánica, mantenimiento y contaminación. El origen de todo: propósito y personas Para Galofré, entender hacia dónde va la industria exige mirar hacia atrás. La historia de Volvo, recordó, nace de un accidente. Un hecho que llevó a sus fundadores a redefinir el automóvil con el objetivo de proteger a las personas. Ese propósito sigue vigente hoy, aunque adaptado a una nueva realidad. La seguridad ya no se limita al interior del coche, sino que se extiende al entorno. Proteger al usuario implica también proteger el planeta en el que vive. Ahí es donde conecta con la visión que defiende el embajador Hjelmborn. La transición verde es una oportunidad de negocio a largo plazo, clave para la competitividad y la supervivencia de las empresas. Una visión que encaja con la posición de Suecia dentro de la Unión Europea, donde apuesta por mantener objetivos ambiciosos sin retrasos en la electrificación. Galofré, por su parte, baja ese concepto a la realidad cotidiana. Más que entrar en debates ideológicos —eléctrico frente a térmico—, plantea una cuestión práctica: reducir el impacto sobre "nuestra casa", el entorno en el que vivimos. El problema no es tecnológico, ha dicho, sino de implementación y consenso. Una transición marcada por la lógica (y la historia) El CEO de Volvo plantea un ejercicio de historia alternativa. Recuerda que, en los inicios del automóvil, ya existía el debate entre motor eléctrico y de combustión. La elección del segundo no fue por eficiencia, sino por limitaciones tecnológicas de la época, especialmente en baterías. Hoy, con esas barreras prácticamente superadas, Galofré lanza una reflexión interesante: si el desarrollo hubiese sido al revés, nadie plantearía volver al motor térmico. Una idea que busca evidenciar que el cambio actual responde a una evolución lógica más que a una imposición normativa. Galofré señala al nuevo EX60 como la materialización de esa transición. Según Volvo, el modelo elimina uno de los grandes frenos históricos del coche eléctrico: la autonomía. Con hasta 810 kilómetros, el SUV no solo iguala, sino que supera las expectativas tradicionales. Para Galofré, esto supone que el paso al eléctrico "ya no es un sacrificio", sino una mejora en la experiencia, y presume de sostenibilidad real en la fabricación del nuevo modelo (50% del aluminio reciclado y cerca del 27% de materiales reutilizados en el interior). Nos recuerda que el objetivo global de Volvo es el de neutralidad climática en toda la cadena de valor en 2040. El futuro ya no es teórico Tanto Galofré como Hjelmborn coinciden en que el futuro del automóvil ya no se está debatiendo, sino que se está construyendo. Las ciudades serán cada vez más grandes, la población urbana seguirá creciendo y la necesidad de reducir emisiones será cada vez más urgente. Y es ahí donde la movilidad eléctrica deja de ser una alternativa para convertirse en una solución necesaria. Y, como deja entrever el CEO de Volvo, cuando una tecnología es más simple, más eficiente y más limpia, la dirección del cambio no admite demasiadas dudas.