Nissan asesta otro golpe a su presencia industrial en España. La organización nipona elevó esta semana a 900 personas el número de despidos que prepara en Europa, con parte del foco puesta en sus instalaciones en Barcelona, como parte de su plan de reestructuración, lanzado el año pasado y llamado RE:Nissan. Este programa, contemplado hasta el cierre de su ejercicio (que concluye en abril) de 2027, contempla reducir su plantilla en 20.000 trabajadores.La multinacional japonesa es un termómetro perfecto de la salud de la industria automovilística en el país: desde su aterrizaje en pleno crecimiento en los años 80,al cierre de Zona Franca en plena pandemia o a los nuevos ajustes en una etapa de turbulencias a nivel continental. La organización asiática se encuentra inmersa en un duro recorte de costes a nivel global debido a la crisis financiera que enfrenta desde hace dos años luego del fallido intento de fusión con Honda. La operación hubiese creado al tercer fabricante de automóviles a nivel global y hubiese sido su salvavidas. Los modelos históricos Nissan Patrol fabricados en la planta de Barcelona La compañía ha puesto en marcha un profundo y doloroso plan de reestructuración liderado por su nuevo consejero delegado, Iván Espinosa, que asumió el cargo el pasado año y cuya hoja de ruta contempla el cierre de siete fábricas a nivel global. Con este programa, Nissan Motor aspira a generar un ahorro total de 500.000 billones de yenes (unos 2.711 millones de euros al cambio actual) y recuperar la rentabilidad tras registrar pérdidas de 250.200 millones de yenes —cerca de 1.376 millones de euros— en los primeros nueve meses de su ejercicio fiscal, hasta diciembre. Cataluña de nuevo en el foco En este contexto, la firma ha vuelto a poner el ojo de su ajuste en Cataluña un lustro después de cerrar la fábrica de Zona Franca de Barcelona. El recorte aplicará en tres de las infraestructuras que la marca tiene en el país, con 570 trabajadores potencialmente afectados (la cifra de impactados será menor): el centro de recambios de El Prat de Llobregat (Barcelona), que se llevará la mayor parte de despidos; el centro de áreas flexibles de la misma localidad y el centro técnico de Barcelona. La peor parte se da por hecho que será para la instalación de recambios. Aunque no está previsto su cierre -quedaría un pequeño retén de materiales-, la propia Nissan advierte de su "redimensionamiento". La ruta de envío de la organización japonesa ha sido rediseñada y las piezas llegarán por los Países Bajos, por lo que la planta catalana queda con un exceso de capacidad frente a los nuevos planes del grupo. Además, Nissan recortará también personal en su centro técnico. Las cifras de la instalación catalana no son todavía definitivas, pero la enseña sí hablar de rebajar en un 20% el personal de investigación y desarrollo en Europa. En el continente, el grupo tiene instalaciones como la barcelonesa en Cranfield (Reino Unido) y Bonn (Alemania). Está por ver, pues, como se reparten las salidas. Producción de la Nissan e-NV200 Nissan vuelve así a pasar la tijera en el país. El precedente más traumático y el más inmediato fue el cierre de su fábrica de vehículos en la Zona Franca -hoy reabierta y operada por Ebro EV Motors y el grupo chino Chery-.Esta instalación operaba con 3.000 trabajadores directos. Por ello, ante el anuncio del cierre hace más de cinco años, la empresa nipona se enfrentó con una agria negociación que provocó incluso manifestaciones frente a los domicilios de los dirigentes. Al frente de las operaciones de la filial en ese momento estaba Frank Torres, hoy responsable de la división de vehículos de tierra de Indra. La clausura fue la crónica de una muerte anunciada, a pesar de los intentos de la marca por aparentar normalidad, tras años de caída de la inversión y proyectos fallidos, como el esperado Pulsar, que llegó en 2014 y se marchó en 2018, la pick-up Navara o la furgoneta NV200, de escaso volumen. De hecho, en 2021, la instalación apenas sacó a la carretera apenas 26.000 vehículos al año frente a su capacidad máxima de 200.000 unidades, algo insostenible. Antes de la pandemia, en plena decadencia, ya rondaba los 30.000 vehículos. Los primeros síntomas de agotamientollegaron en 2008 con un ERE para 1.700 personas. Los recortes eso sí no son exclusivos de Cataluña. El centro de Los Corrales de Buelna, en Ávila, dejó en 2019 de fabricar camiones, aunque logró salvar su actividad transformándose en un centro de recambios. El artífice de la operación fue José Vicente de los Mozos –hoy CEO de Indra-, entonces jefe de las operaciones de la Alianza Renault Nissan en España. Las negociaciones entre dirigentes y sindicatos llegaron incluso a las autoridades eclesiásticas de la región, que mediaron en favor de la supervivencia del centro. Nissan Primastar Nissan languidece ahora tras tres décadas de éxito industrial. La organización compró la fábrica en la Zona Franca a Motor Ibérica en la década de 1980, siendo así el propietario único de la planta. Con 517.000 metros cuadrados, se convirtió en uno de los principales centros productivos de automóviles en Europa. En 1983 comenzó con la producción del Nissan Patrol, primer modelo nipón ensamblado en el coninente. A partir del nuevo siglo la factoría se especializó como productora de todoterrenos y pick-ups con modelos como el Nissan Terrano II, el Nissan Pathfinder y el Nissan Navara, además de vehículos comerciales y monovolúmenes como la Nissan Vanette, la Nissan Serena o la Renault Primastar, de la que se fabricaron más de 732.000 unidades tras la alianza Renault-Nissan. En su última etapa, la planta apostó por la electrificación con modelos como la Nissan e-NV200, que superó las 49.000 unidades producidas y exportadas a nivel mundial desde 2014. La planta cerró con una producción final de más de 3,3 millones de unidades en casi cuatro décadas. Ahora la fábrica opera con la nueva Ebro, que finalizó el año pasado -el primero completo- - con 17.000 unidades producidas. Y, este año logrará una capacidad de producción de unos 50.000 vehículos gracias a la puesta en marcha de la nueva línea de producción