En un coche nuevo todo parece ser perfecto, pero con el paso del tiempo hay pocas piezas que se mantienen como el primer día. El uso diario, la suciedad de la carretera o la falta de mantenimiento hacen que algunos componentes pierdan prestaciones sin que el conductor se dé cuenta. Y en muchos casos no se trata de una cuestión de estética, ya que hay elementos que apenas se revisan e influyen en la seguridad vial.El mejor ejemplo está en los faros. Al principio iluminan sin problemas, pero poco a poco su luz va perdiendo potencia porque se ensucian. El brillo se esfuma y en su lugar aparece una especie de capa de suciedad de tono amarillento que hace que los faros sean parcialmente opacos. Parece un detalle derivado del paso de los kilómetros, pero conviene revisarlo para evitar sustos en la carretera. Por qué ocurre La principal razón por la que los faros del coche se vuelven amarillos es que la capa de policarbonato que los recubre se degrada con la exposición a los rayos del sol. Este material, que se utiliza para fabricar prácticamente todas las luces delanteras de los vehículos, se degrada y se oxida por los rayos UV, la contaminación, la abrasión derivada del uso diario y los constantes cambios de temperatura.Por qué los faros del coche se ponen amarillos y cuál es el mejor truco para limpiarlos Esa capa amarillenta hace que el plástico pierda transparencia y, por lo tanto, el faro proyecte menos luz. En carretera esta situación se traduce en un aumento del peligro potencial porque el conductor pierde visibilidad. Además, lo más probable es que unos faros amarillos no superen la Inspección Técnica de Vehículos (ITV), por lo que el conductor debe limpiarlos o cambiarlos cuanto antes. Soluciones Aunque parece algo imposible de solucionar, existen varios trucos caseros que dejan las luces como nuevas en apenas unos minutos. Uno de los más conocidos es utilizar limón y bicarbonato para desinfectar y desengrasar la superficie. También se puede limpiar la zona con agua y detergente para luego pasar un trapo con vinagre y eliminar la suciedad. Incluso hay quienes aseguran que con otros productos como pasta de dientes o repelente de mosquitos se devuelve el brillo al faro. Además hay que tener en cuenta que existen kits de restauración de faros. En el caso de que el tono amarillento no desaparezca de las luces delanteras, lo que debe hacer el conductor es acudir a un profesional para cambiar los faros por unos nuevos y, de esta forma, evitar sustos en carretera.