El mundo del motor está lleno de pequeños trucos que muchos conductores aprenden y, con el paso de los años, repiten de forma casi automática. El problema es que la tecnología de los coches ha cambiado mucho en las últimas décadas y algunas prácticas que antes eran habituales ya no siempre tienen sentido. De hecho, algunas pueden ser perjudiciales para el vehículo.Por eso los especialistas insisten en la necesidad de desmentir ciertos mitos. Al final, hay decenas de gestos que sobre el papel sirven para ayudar al coche pero que en realidad crean averías y desgaste mecánico sin que el conductor se dé cuenta. Uno de ellos está relacionado con el uso del punto muerto. Cómo frenar Hace unos cuantos años, se decía que cambiar a punto muerto al alcanzar la velocidad deseada era beneficioso porque permitía al vehículo avanzar por inercia con la energía almacenada. Del mismo modo, era habitual ver a conductores poniendo punto muerto al frenar o bajar una pendiente. En su momento pudo tener sentido, pero ya no es recomendable. Y es que en los modelos antiguos, el motor seguía consumiendo combustible si el conductor dejaba una marcha puesta y soltaba el acelerador. Ahora, en los coches modernos, el motor deja de consumir al soltar el acelerador con la marcha puesta. Por eso, no tiene ningún sentido reducir la velocidad o detener el vehículo con el punto muerto puesto. De hecho, puede ser perjudicial porque aumenta el desgaste de los frenos. Si por el contrario se deja una marcha engranada, la resistencia generada por la transmisión provoca una desaceleración natural, conocida como frenado del motor. Del mismo modo, el cambio excesivo entre marcha y punto muerto acelera el desgaste del embrague. Cuestión de seguridad Desde el punto de vista de la seguridad, dejar el motor al ralentí también es desfavorable porque el conductor solo puede girar y frenar. Es decir, tiene un control limitado del vehículo. Hay situaciones en las que es necesario acelerar para evitar un peligro, y en esos casos volver a engranar la marcha puede llevar unos valiosos segundos.