Pere Navarro, director general de Tráfico, asegura que la DGT bajará la tasa de alcoholemia: "Caerá como fruta madura" El debate sobre la reducción de la tasa de alcoholemia en España siempre ha estado ahí, con defensores de que está bien como está y otros que señalan que debería reducirse al cero absoluto. Sin embargo, no todas las opiniones tienen el mismo peso y, si se pronuncia al respecto el máximo responsable de la Dirección General de Tráfico (DGT), Pere Navarro, se agita el avispero.En unas declaraciones de las que se hace eco El Economista, habría señalado que su aprobación es inevitable: “Está maduro. Caerá como fruta madura”. Así, deja caer que es solo una cuestión de tiempo y que está convencido de que esta medida terminará aplicándose más pronto que tarde, a pesar de que el Congreso rechazó recientemente la propuesta.La DGT lleva tiempo planeando una reducción significativa de los límites actuales. En la actualidad, la tasa máxima permitida es de 0,5 gramos de alcohol por litro de sangre (0,25 mg/l en aire espirado) para conductores en general, con límites más bajos para noveles y profesionales. Sin embargo, la intención del organismo es rebajarla hasta 0,2 g/l en sangre (0,1 mg/l en aire), lo que en la práctica se acerca a una política de “tolerancia cero”. Según defiende el organismo, no es una propuesta arbitraria, si no que responde a criterios técnicos y a recomendaciones de organismos internacionales como la OMS o la Unión Europea, que abogan por límites más estrictos para reducir la siniestralidad vial. De hecho, diversos estudios apuntan a que disminuir la tasa puede reducir entre tres y cinco veces el riesgo de sufrir un accidente grave, lo que refuerza la posición de la DGT.Sin embargo, a pesar de este respaldo técnico y de que según los números tiene todo el sentido aplicarla, la medida no ha logrado salir adelante en el ámbito político. Hace apenas unas semanas, el Congreso de los Diputados rechazó la propuesta con los votos en contra de varios grupos parlamentarios, lo que supuso un revés importante para el Gobierno y para la propia DGT. Ante aquel resultado, Navarro cree saber por qué se dio: reducir el alcohol al volante no es una decisión popular desde el punto de vista político. “Bajar la tasa de alcohol no da votos, pero hay que hacerlo”, afirmó, poniendo el foco en la seguridad vial por encima de cualquier cálculo electoral. La postura no extraña y es que la DGT lleva años siguiendo una estrategia orientada a reducir el número de víctimas en carretera, donde el alcohol sigue siendo uno de los principales factores de riesgo.Los datos respaldan esta preocupación. Un porcentaje significativo de los fallecidos en accidentes de tráfico presenta alcohol en sangre, lo que convierte esta cuestión en una de las prioridades en materia de seguridad vial. Además, la DGT lleva años insistiendo en que incluso pequeñas cantidades de alcohol afectan a la capacidad de conducción, aumentando los tiempos de reacción y reduciendo la atención.Según la memoria anual de víctimas mortales en siniestros viales ocurridos en 2024 del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses (INTCF) (el último del que se tienen datos), realizado sobre sobre las autopsias realizadas a más de 1.100 conductores y peatones fallecidos en siniestros viales durante el año pasado, de los 937 conductores sometidos a análisis toxicológico, 452 (48%) dieron positivo en al menos una sustancia.Se puede leer: “En términos generales, el alcohol sigue siendo la sustancia detectada mayoritariamente en los conductores fallecidos. Existe una alta proporción de casos en los que se detecta un consumo combinado de alcohol con otras sustancias y/o psicofármacos”.En este contexto, la rebaja de la tasa se plantea como un paso más hacia un modelo en el que conducir después de beber, aunque sea mínimamente, se prácticamente imposible, porque la tasa admitida será tan baja que a efectos prácticos será casi nula. Navarro también ha hablado sobre los límites de alcoholemia en una reciente entrevista con Arval. Al cuestionarle sobre por que se retrasa la entrada en vigor de la reducción del límite de alcoholemia de 0,5 a 0,2 g/l, que lleva años barajándose, ha sido claro.“La Dirección General de Tráfico ha hecho todo lo que tenía que hacer, recoger recomendaciones de organismos internacionales, estudios científicos que lo avalaran, recopilar apoyos y luego elevarlo al Congreso para que sus señorías decidieran llevarlo a cabo. Finalmente decidieron no aprobarlo”, expone.“Esta votación no la perdió el Gobierno, sino que la perdieron todos los ciudadanos, porque es una cuestión de interés público y general, algo que parece no estar de moda. Teníamos una deuda pendiente con tantas y tantas víctimas y probablemente algún siniestro y víctima se podría haber evitado, pero que cada uno asuma su responsabilidad”, concluía.