Ni Rolls-Royce ni Ferrari Testarossa, Bad Bunny se queda con su Toyota Corolla de 2003 Solemos asociar a personajes famosos con el lujo y los coches caros, ya sean futbolistas, cantantes, actores o miembros de la realiza. Un ejemplo es la espectacular colección de coches de David Beckham y el rey Carlos III. Sin embargo, Bad Bunny se queda con su Toyota Corolla de 2003.El cantante puertorriqueño lleva varios días acaparando titulares, después de su actuación en el intermedio de la Super Bowl el pasado 9 de febrero, entre New England Patriots y Seattle Seahawks, con victoria de este último por 29 a 13.Benito Antonio Martínez Ocasio, nombre real de Bud Bunny, protagonizó un espectáculo en el que también intervinieron Lady Gaga y Rocky Martin y se ha convertido oficialmente en el más visto en la historia del evento, al reunir 135.4 millones de espectadores en todo el mundo, batiendo el récord anterior de Kendrick Lamar con 133.5 millones de espectadores en el año pasado.Más allá de que guste su música (y sus letras), lo que nadie puede dudar es que el cantante de 31 años nacido en Bayamón es uno de los artistas más influyentes del mundo y eso se traduce también en una importante fortuna.En pocos años, el puertorriqueño ha pasado de trabajar en un supermercado a subirse a los escenarios de medio mundo y mover millones de dólares en horas. Un cambio similar se ha producido en su garaje particular, pasando de conducir modestos utilitarios a los modelos más exclusivos y potentes del mercado.Entre ellos, figuran hiperdeportivos de producción limitada, deportivos clásicos, modelos muy lujosos… Sin embargo, hay un coche al que tiene especial cariño y que conserva desde los tiempos en que trabajaba en el supermercado.Bud Bunny prefiere su Toyota Corolla de 2003Se trata de un Toyota Corolla de 2003, un coche que en alguna ocasión ha calificado como su favorito, pese a poseer una buena colección, como te mostraremos más adelante.El cantante lo compró cuando trabajaba en Puerto Rico, antes de hacerse famoso en el mundo de la música. Como todos los Corolla, es un compacto de segmento C discreto, sencillo y muy fiable.Este Toyota Corolla ocupa un lugar especial en el corazón del cantante. Es una cuestión puramente emocional, ya que tiene coches mucho mejores. Pero ese fue su primer coche y eso equivale en la vida al primer amor o el primer beso. Tanto es así que el compacto japonés aparece en el videoclip de Yonaguni, que puedes ver arriba.El garaje de Bud BunnyComo cualquier persona famosa y rica, Bud Bunny tiene un garaje repleto de coches que ya quisiéramos muchos. Algunos han aparecido en videoclips, como el Rolls-Royce Dawn blanco con interior rojo en Yo perreo sola, un descapotable con motor V12 de 571 CV al más puro estilo británico.También ha mostrado un raro Rolls-Royce Silver Shadow con motor V8 modificado con una estética todoterreno en Where She Goes.Pero a Bud Bunny también le gustan los deportivos clásicos y no falta un Ferrari Testarossa, un icono de la marca italiana y de la década de los 80, equipado con un V12 a 180 grados capaz de alcanzar los 290 km/h de velocidad máxima.Quizá menos conocido en Europa, pero otro mito al otro lado del Atlántico es el Pontiac GTO de 1964, para muchos, el primer muscle car de la historia y una joya del automovilismo estadounidense.Otros coches que posee el cantante hispanoamericano son un BMW M2, un BMW M4 o el Mercedes-AMG G 63, modelos muy prestacionales, pero que pueden utilizarse perfectamente como coche diario.Vendió un Bugatti ChironHay un hiperdeportivo muy exclusivo que ya no está en el garaje de Bud Bunny porque lo vendió. Se trata del Bugatti Chiron 110 Ans, una edición exclusiva para celebrar los 110 años de historia de la marca de Molsheim.Sólo se construyeron 20 unidades y el artista de 31 años se compró una de ellas, valorada en más de 3 millones de euros. Una pieza de colección equipada con un motor W16 de 8.0 litros y cuatro turbos que produce 1.500 CV y 1.600 Nm de par y alcanza los 420 km/h, además de hacer el 0 a 100 km/h en 2,4 segundos.Bud Bunny decidió venderlo pocos años después de adquirirlo, debido a su elevado coste de mantenimiento: seguros e impuestos desorbitados, aparte de una exposición constante cada vez que lo conducía.