Luis Ángel Maté celebra su victoria en la Titan DesertLuis Ángel Maté ha ganado la Titan Desert con el dorsal 2, y un nombre debajo, el de su padre, Ángel Maté, fallecido hace unos años. «Yo aquí vine por primera vez cuando era un niño, con 14 o 15 años. Venía con mi padre, con un Ford Fiesta del año 75, en el que metíamos las dos bicis de montaña de las de entonces. Veníamos al Atlas, a las Gargantas del Dades, al Valle del Todra, a Merzouga, cuando en Merzouga no había nada de lo que hay ahora, solo estaba el Hotel Tombuctú, no había nada alrededor», explica el ganador de la carrera. «Era totalmente diferente. Estoy hablando de hace ya más de 25 años. El año pasado cuando vine aquí y reviví todos esos momentos, reviví todas esas pistas llenas de bachecitos, que eran un auténtico infierno, fue muy especial. El año pasado descubrí esta carrera y este año la he preparado con mucho cariño, entre otras cosas por eso», añade.La victoria es el homenaje a su padre. También a Davide Rebellin y a Michele Scarponi. Las tres personas que más influyeron en su carrera deportiva. Los tres fallecidos. «Cruzamos por Algeciras. De Algeciras a Tánger y bajábamos por carretera. En aquella época la autopista solo llegaba a Rabat. Ahora ya la autopista llega hasta Marrakech y desde Rabat hasta Marrakech te puedes imaginar: burros cruzando la carretera, gente vendiendo en medio. Cruzamos el paso de montaña que hay para subir desde Marrakech hasta Ouarzazate y nos íbamos quedando en pequeños, muy pequeños albergues, que es lo que había», explica Maté. La Titan Desert Marruecos 2026 ha sido un ejercicio de memoria emocional para él. «Recuerdo que dimos la vuelta a la duna en bici y lo pasamos muy mal porque se nos acabó el agua. Las mujeres y los niños que estaban vendiendo souvenirs nos tuvieron que dar agua. Aquel día lo pasamos mal», confiesa. Aquellas rutas las trazaba su padre sobre un mapa. No había gps ni nada parecido. «Tengo que tener los mapas en casa con los recorridos. Seguro, porque mi padre lo guardaba todo. Los buscaré, porque probablemente hayamos pasado por sitios que recorrí con mi padre hace 25 años», dice. «En los últimos años el ciclismo se ha profesionalizado tanto y se ha hecho tan impersonal»La Titan Desert para él es también un regreso a los orígenes, al ciclismo que le gusta, lejos del individualismo que se impone en las carreteras y en la sociedad. «Es un evento que trasciende lo deportivo. El profesionalismo me ha dado muchas cosas, pero también me ha robado otras, sobre todo en los últimos años que se ha profesionalizado tanto y que se ha hecho tan impersonal», asume. «Venir aquí y encontrarse gente como Domingo, que tiene su empresa de camiones en Puerto Lumbreras, como el Gato, que tiene un bar en Lorca y coge sus vacaciones para venirse aquí, u otros muchos que tienen historias de superación impresionantes, Tommy Miser, que viene con su hijo, qué historia más bonita», añade. «En un mundo tan desigual, buscar nexos de unión y puntos en común es muy bonito. La bicicleta lo hace y esta carrera lo hace. Todos estamos en las mismas condiciones, todos dormimos en jaimas, todos hacemos la etapa maratón, y eso es muy bonito y me gusta mucho». «El ciclismo profesional ha desconectado gravemente con el público y eso va a traer consecuencias negativas»«El ciclismo profesional ha desconectado muy gravemente con el público y creo que es un error muy grande y que va a traer consecuencias negativas. Para mí estar aquí y romper con eso es necesario. Hay muchos intereses económicos en torno al ciclismo, quizás más que nunca y por desgracia todo lo que toca el capital lo suele deformar», admite el Lince, apodo que le puso la periodista Ainara Hernando en el comienzo de su carrera. Entonces era una especie protegida, como el lince, un ciclista en Marbella. Sus ideales siguen siendo los mismos que entonces y lucha contra la deshumanización de un ciclismo que convierte a los corredores en productos de usar y tirar. «Es muy duro, porque a os chicos les están robando su juventud. Es muy jodido. Es que estos chicos ya en cadetes, con 15, 16 años, ya tienen nutricionista, ya tienen fisioterapeuta ya van a biomecánico, ya mueven vatios, tienen manager. Esos chicos no tienen derecho a ir a las fiestas del pueblo o de su ciudad. No van, no pueden ir a un burger, que es una mierda, pero igual hay que comerse uno para saber que eso es una mierda . Pues eso es jodido, tienen una serie de carencias a nivel social que son muy graves porque hay que madurar física y mentalmente y la experiencia vital contribuye a la maduración. Me parece muy injusto por esta generación lo que estamos haciendo con ellos y peligroso, claro», asegura. «Estos chicos no pueden ir a las fiestas de su pueblo o a un burger»«Es duro a nivel físico, pero sobre todo a nivel psicológico, hay que pagar un precio muy grande para ser ciclista ahora y me parece muy injusto lo que se está haciendo con los chavales jóvenes, se les están pidiendo resultados muy rápido y además es que ellos lo asumen, saben que si no tienen resultados rápidos no valen. Y es muy injusto porque hay que dejar tiempo. Por eso creo que es importante recordar los orígenes de nuestro deporte porque se hacían las cosas bien y precisamente en España se hacían las cosas muy bien. José Miguel Echavarri, Eusebio Unzué, con Reynolds primero y con Banesto después, hacían las cosas bien y maduraban. Aquí tenemos a Indurain que llevó un proceso de maduración progresivo se respetaban los tiempos. Se les llevaba al Tour, se les hacía bajarse en el día de descanso, el primer año en vez del Tour, hacían la Vuelta, empezaban con carreritas un poco más de nivel luego París-Niza. Se respetaban calendarios adaptados a esa progresión y se respetaba también en entrenamientos poquito a poco aumentando la carga. Se hacían bien las cosas y los corredores tenían progresiones ascendentes y carreras largas. Yo creo que era un modelo muy interesante y que por desgracia se ha olvidado. Ojalá que vuelva, pero no tiene visos», añade. Indurain, precisamente, ha sido uno de los compañeros de pelotón de Maté en la Titan Desert. «Yo he jugado a las chapas con Miguel Induráin y tengo sus pósters en casa. El último día iba pensando que todavía le da por entrenar y nos da la Titan el año que viene. Se me ponía la piel de gallina. Yo no soy monárquico, pero veo a Indurain y me parece ver una figura real, estoy viendo al Rey. Tiene ese aura. Iba pensando: ‘‘Joder, lo que tuvo que ser correr con este tío en forma. Pobrecitos los que tuvieran que correr con él’’. Es increíble la clase que tiene», dice. Privilegios del ganador de la Titan Desert, el número 2, Ángel Maté.