La industria alemana del automóvil es muy potente. Ahora quiere que se frene aún más la desaparición de los motores de combustión Desde que la Unión Europea abrió la mano a la venta de los motores de combustión más allá de 2035, la industria alemana no para de presionar para rebajar aún más las limitaciones que le quieren imponer. El Gobierno alemán ha vuelto a poner sobre la mesa el futuro del sector del automóvil y las políticas climáticas comunitarias, azuzando aún más un debate que desde Bruselas no saben cómo abordar.Tras muchas conversaciones, y con casi todos los fabricantes tradicionales presionando, finalmente a finales de 2025 Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, anunció que en Europa se seguirán vendiendo coches gasolina y diésel más allá de 2035, aunque con restricciones que deberán cumplir los fabricantes de automóviles en los próximos 9 años.El objetivo pasa de reducir el 100% de las emisiones de CO2 en 2035 a un 90%. De este modo, Europa va a permitir a los fabricantes seguir produciendo un número limitado de coches gasolina y diésel gracias a ese 10% de emisiones al que ha renunciado tras las presiones recibidas por la industria y los gobiernos.Además de que la producción de este tipo de vehículos se verá limitada en el futuro, los fabricantes de coches deberán hacer también algunas concesiones con las que compensarán el impacto ambiental que generan estos motores.Para ello, los fabricantes de coches deberán compensar las emisiones generadas por los coches gasolina y diésel implementando medidas específicas en sus plantas de producción, como el uso de hidrógeno verde, neutro en carbono, biocombustibles o el acero verde, por ejemplo.La propuesta de Alemania que enfrenta a EuropaA pesar de que las aguas estaban calmadas, el Gobierno alemán ha vuelto a agitar el avispero. Durante una reunión del comité de coalición celebrada el pasado fin de semana, los líderes de los partidos que conforman el Ejecutivo trataron un conjunto de medidas destinadas a aliviar la carga económica que están soportando los ciudadanos, estando entre ellas una posible relajación de los límites de emisiones de CO2 que ampliaría la vida de los coches de combustión.Hay que recordar que el cambio que propuso la Comisión Europea aún está pendiente de aprobación. En el caso de no tener luz verde, todo volverá a la prohibición anterior.Tras esta reunión, la conclusión a la que ya ha llegado es que se necesita volver a cambiar la regulación europea sobre los límites de emisiones contaminantes para flotas de vehículos, así como en otros expedientes relacionados con el sector.Ante esta incertidumbre, el gobierno presidido por Friedrich Merz ha decidido adoptar una postura más ambiciosa en cuanto a la flexibilización de estas normas.Según la información que recoge Automobilwoche, pretende impulsar una serie de modificaciones adicionales, entre las que se incluyen requisitos menos estrictos para los híbridos enchufables, la posibilidad de que las emisiones excedentes tras 2035 no tengan que compensarse completamente y la clasificación inmediata como vehículos de cero emisiones de aquellos que funcionen exclusivamente con e-fuels.Además, el ejecutivo alemán propone introducir mayor flexibilidad en los objetivos intermedios de reducción de CO2 antes de 2035, lo que permitiría a los fabricantes adaptarse de manera más gradual a las exigencias regulatorias.Sin embargo, Alemania se muestra muy contraria a dos puntos clave para la Unión Europea. Por un lado, están los denominados supercréditos para vehículos eléctricos de pequeño tamaño y, por otro, a regulación específica para flotas corporativas, que obligaría a las empresas a adoptar un porcentaje mínimo de coches eléctricos.