La diferencia entre un motor de combustión y un eléctrico, en una sola imagen: a alguien se le ha ocurrido poner una cámara térmica para averiguarlo Los coches diésel, como cualquier otro vehículo equipado con un motor térmico, desperdician una gran cantidad de energía en forma de calor. Una consecuencia del proceso de combustión es el aumento de temperatura del motor, por lo que un elevado porcentaje de esa energía se desaprovecha generando calor y no moviendo las ruedas del vehículo. Puede que esto a simple vista no se aprecie, pero lo que no ve el ojo humano sí lo puede captar una cámara térmica.Si trasladamos todo esto a cifras, los motores diésel tienen una eficiencia energética de aproximadamente un 40%, lo que significa que el otro 60% de la energía que producen se transforma en calor, o, dicho de otro modo, se desaprovecha. Ese porcentaje se considera bastante bueno para algo que funciona quemando combustible, especialmente si se compara con la eficiencia energética de un motor de gasolina, que ronda el 30%.Pérdida de energía en forma de calorLos coches eléctricos, por el contrario, hacen un trabajo mucho más eficiente evitando desperdiciar energía al transformarla en calor. Su eficiencia energética se sitúa alrededor del 85%, o lo que es lo mismo, más del doble de lo que consigue un motor diésel y casi el triple que uno de gasolina. Esto significa que son capaces de convertir en energía mecánica (movimiento) el 85% de la electricidad que reciben.Esto es algo ya conocido dentro del sector y una de las razones por las que los coches eléctricos tienen cada vez más sentido, tanto para los fabricantes como para los compradores. No obstante, como te decía unos párrafos más arriba, ese desperdicio de energía en forma de calor es algo de lo que no somos conscientes, porque es algo que no se puede apreciar a simple vista.Pero eso no significa que no suceda. A menudo, creemos que, por ejemplo, el combustible que se consume con el motor al ralentí solo mantiene el propulsor en marcha y se convierte en gases de escape que se liberan a la atmósfera. Sin embargo, ese carburante quemado está generando movimiento interno en el motor y un aumento de la temperatura de sus componentes que debe compensar su sistema de refrigeración.Por tanto, asistimos a una lucha de poderes. Por un lado, el combustible permite mantener el motor en marcha, mientras que, por otro lado, el sistema de refrigeración reduce la temperatura. Cada uno depende del otro para funcionar. En cambio, esto no sucede en los motores eléctricos, si bien la batería sí que aumenta de temperatura ante el uso y, sobre todo, durante el proceso de recarga, especialmente si es una carga rápida.Para entender mejor este fenómeno en el que los motores de combustión interna desperdician hasta tres cuartas partes de la energía producida en forma de calor, te dejo un vídeo antiguo del canal de YouTube Fully Charged en el que, haciendo uso de una cámara térmica, muestran claramente lo que sucede con la temperatura.¿Cuánto más eficientes aprovechando la energía son los coches eléctricos?Parte del vídeo está grabado con una cámara térmica FLIR. Los protagonistas del vídeo evidencian cómo el motor diésel genera muchísimo más calor que el eléctrico a través de las imágenes captadas por la cámara, donde se puede ver claramente cómo brilla de manera intensa en color naranja.El coche eléctrico, por el contrario, se mantiene mucho más frío y tiene muchas menos piezas que alcancen temperaturas elevadas. La batería genera algo de calor, al igual que algunos cables y controladores, pero sigue siendo notablemente más frío que el diésel. No es algo inesperado, pero visualizarlo ayuda a comprender mejor cómo funciona realmente cada sistema.El vídeo no supone ningún descubrimiento revolucionario y simplemente sirve para destacar las diferencias evidentes entre ambos tipos de motores. Pero sí que es bastante clarificador y prueba que los coches eléctricos son bastante más eficientes a la hora de utilizar la energía acumulada en sus baterías, la cual destinan en su mayoría a mover las ruedas.El coche de combustión interna es bien sabido que no es un sistema perfecto. Tiene multitud de atributos que le hacen perder frente a un motor eléctrico, como el uso de un número mayor de componentes sometidos al desgaste y el mantenimiento asociado a estas piezas, por no hablar del volumen de emisiones en forma de gases de combustión que emana de los tubos de escape.Mientras tanto, el coche eléctrico cuenta con sus propios puntos débiles, como una autonomía reducida frente a un vehículo de combustión o los tiempos de recarga, si bien los fabricantes trabajan para solventar estas debilidades, lo que convierte al automóvil eléctrico en una opción cada vez más interesante para muchos compradores.