Dentro del mundo del motor, los coches diésel y los eléctricos suelen presentarse como dos extremos completamente opuestos. Mientras que los primeros dependen de combustibles fósiles y llevan décadas dominando las carreteras, los segundos son la gran apuesta de futuro gracias a sus baterías y a sus sistemas completamente eléctricos.Sobre el papel las diferencias son evidentes, y así lo creen la mayoría de conductores. Sin embargo, cuando llega el momento de compararlos en situaciones reales de conducción, hay muchos usuarios que no tienen del todo claro qué tipo de coche resulta más eficiente y económico, especialmente si se trata de trayectos largos a altas velocidades.Un viaje de 600 kilómetros a 120 km/h pone en evidencia la diferencia real entre un coche eléctrico y uno diésel La prueba Los expertos en motor de Gazzetta Motori han realizado tres pruebas para calcular el coste real de completar un viaje con un eléctrico y con un diésel. Completaron tres rutas de 350, 600 y 800 kilómetros con vehículos de igual potencia (272 CV) a la misma velocidad y con un consumo de combustible realista a velocidades de autopista. En la ruta de 350 kilómetros, se necesitó un repostaje de 43,75 euros para el automóvil diésel. Por su parte, el vehículo eléctrico, que tenía la batería llena antes de salir, no necesitó parar. Consumió 70 kWh y el coste total del viaje fue de aproximadamente 32,90 euros, aunque con las tarifas de recarga más caras esa cifra podría dispararse hasta los 60 euros. En este trayecto, por tanto, sale mejor el coche eléctrico. En el caso de los 600 kilómetros el resultado es distinto. Completar el viaje costó 75 euros con el coche diésel, que no necesitó parar. Sin embargo, el eléctrico necesitó al menos una recarga a mitad del camino que tiene un coste de entre 60 y 90 euros según la tarifa de recarga. En el viaje de 800 kilómetros, el diésel consumió 100 euros en gasóleo y el eléctrico necesitó recargas por valor de entre 90 y 120 euros. Conclusiones Los autores de las pruebas afirmaron que el coche eléctrico solo sale ganando si el conductor tiene acceso a puntos de recarga baratos. De lo contrario, los propietarios corren el riesgo de acabar pagando más que con el diésel pero con el añadido de tener que hacer una parada de más de 20 minutos para llenar la batería. En definitiva, el problema no es el coche, sino la red de recarga.