Ferrari está a punto de entrar en una nueva era. El 25 de mayo presentará su primer superdeportivo eléctrico, el Ferrari Luce, un modelo que marca un antes y un después en la historia de la marca. Pero lo más llamativo no son solo sus cifras. Es el problema que estas plantean. En pleno avance del coche eléctrico en España y Europa, Ferrari ha tenido que mirar más allá del automóvil. Y eso le ha llevado a colaborar con la NASA. Un eléctrico con aceleración de otro nivel Sobre el papel, el Ferrari Luce impresiona. Se habla de un 0 a 100 km/h en 2,5 segundos y una velocidad máxima cercana a los 310 km/h. Pero lo importante no es su velocidad máxima, si no su aceleración extrema. En un automóvil eléctrico, el par máximo llega desde el primer instante. No hay progresividad. No hay transición. Todo sucede de golpe. Y ahí está el problema. Interior del Ferrari Luce. Según el CEO de Ferrari, Benedetto Vigna, esa aceleración puede ser tan lineal y potente que llega a resultar incómoda. Incluso desorientadora. No es solo una cuestión de rendimiento, es una cuestión física. Ferrari recurre a la NASA para entender el límite Los expertos de la agencia espacial llevan décadas estudiando cómo afectan las fuerzas G al cuerpo humano. Exactamente el tipo de conocimiento que Ferrari necesitaba. El objetivo era claro: determinar en qué punto la aceleración deja de ser emocionante y empieza a ser excesiva. Y esto es clave. Porque el Ferrari Luce no es un coche de circuito. Es un modelo pensado para carretera. Todavía no se ha desvelado las formas definitivas del Luce. Eso obliga a encontrar un equilibrio complejo: ofrecer prestaciones extremas sin comprometer la experiencia de conducción en un coche deportivo eléctrico. Por primera vez, Ferrari no solo busca ir más rápido, busca que el conductor pueda soportarlo. Un Ferrari eléctrico que no quiere perder su esencia Más allá de la aceleración, el Ferrari Luce también redefine lo que debe ser un superdeportivo eléctrico. Se espera una arquitectura de 800 voltios, batería de gran capacidad y una autonomía cercana a los 500 kilómetros, cifras propias de un modelo de referencia dentro del mercado de coches eléctricos. Pero Ferrari sabe que no basta con eso. El reto está en mantener la emoción. Por eso, el interior incorpora elementos como levas que simulan cambios de marcha, y un trabajo específico en el sonido. Aquí la marca no quiere imitar un motor térmico. Prefiere desarrollar una identidad sonora propia del coche eléctrico, algo cada vez más importante en este tipo de vehículos. ¿Qué efecto produce esta aceleración? El Ferrari Luce no está pensado para un mercado de volumen. Será un coche exclusivo, fuera del alcance de la mayoría. Pero lo que representa sí es relevante. Porque el problema que Ferrari está analizando (la aceleración instantánea en coches eléctricos) no es exclusivo de los superdeportivos. Cada vez más modelos generalistas ofrecen respuestas muy rápidas. Especialmente los eléctricos de gran potencia. Coche eléctrico acelerando. Porque esta rapidez en pasar desde parado hasta moverse a 100 km/h o más, puede provocar que el cerebro sufra un ligerísimo desplazamiento dentro de la caja craneal, que puede derivar en mareos y desorientación, con el consiguiente peligro. Lo que hoy Ferrari estudia con la NASA podría acabar aplicándose, con el tiempo, a modelos mucho más accesibles en España. Conclusión: el reto ya no es correr más, sino soportarlo Por primera vez, un fabricante reconoce que el límite no está solo en la tecnología, sino en el ser humano. El futuro del coche eléctrico no será solo cuestión de autonomía o recarga. También dependerá de cómo nuestro cuerpo se adapta a esa nueva forma de acelerar. Ferrari ha abierto esa puerta. Y lo ha hecho mirando al espacio.