España vuelve a las carreteras de hace cincuenta años: las razones de un abandono que no se detiene En menos de seis años, España ha pasado de tener unas carreteras que eran la envidia de Europa a retroceder casi medio siglo. En medio han pasado lluvias, nevadas, heladas, granizo y, sobre todo, falta masiva de inversión. Ahora, ese pavimento se ha convertido en un campo de minas lleno de grietas y socavones que solo dejan un reguero de coches con las ruedas pinchadas por todo el país.Las últimas borrascas han sacado a la luz un tema que España lleva arrastrando años: el mal estado de las carreteras. Cientos de carreteras se han llenado de socavones y grietas, lo que pone en peligro a los conductores que tengan que circular por ellas. El motivo de esta situación no es otro que la falta de inversión."El estado de conservación de nuestras carreteras es deficiente", afirma Enrique Miralles, director técnico de la Asociación Española de la Carretera. Esto es algo que se refleja en el estudio que presentaron el pasado mes de junio, donde analizaron más de 4.000 km de la red de carreteras españolas, conformadas tanto por la red de carreteras del Estado como por las carreteras autonómicas.Una idea que también reconocen desde el Gobierno. Antonio Muruais, subdirector general de Sostenibilidad e Innovación en la Dirección General de Carreteras del Ministerio de Transportes, ha reconocido que, en esta materia, España "está atrasada y existe un déficit" en conservación "lastrada por los años de crisis económica", a partir de 2010.Según un estudio desarrollado por la Asociación Española de la Carretera (AEC), el 52% de la red viaria estatal está en un estado deficiente, el peor desde que existen registros."La conclusión principal del estudio fue que tenemos un déficit de conservación de casi 13.500 millones de euros", explica Miralles. Una cifra que equivale a casi todo el presupuesto anual del Ministerio de Transportes. Y lo cierto es que ninguna región se libra de este déficit, aunque algunas regiones están mejor que otras."En este estudio detectamos que Aragón, Castilla-La Mancha y Galicia eran las regiones que tenían carreteras con mayores deterioros. Hay que tener en cuenta que estamos hablando de redes conjuntas; no es solo de la red regional, sino que estamos hablando de la red del Estado más la de las comunidades autónomas en estas regiones; son redes conjuntas", detalla.En el otro lado de la balanza, aunque con déficit igual, se encuentran la Comunidad Valenciana, la Comunidad de Madrid y Extremadura.¿Por qué se producen estos socavones?España llegó a estar entre los cinco países europeos con mejor red viaria hace apenas 15 años. Pero la crisis económica de 2008 marcó un punto de inflexión: desde entonces, la inversión en mantenimiento ha caído sistemáticamente por debajo de los niveles recomendados. Y aunque las grandes infraestructuras (autovías y autopistas) absorben la atención, son las carreteras secundarias —donde ocurren más del 70% de los accidentes mortales— las más abandonadas.Según la Asociación de Empresas de Conservación y Explotación de Infraestructuras (ACEX), España tiene un déficit de 5.000 millones de euros de inversión en sus carreteras, repartidos de la siguiente manera: 2.000 millones de euros para cada una de las carreteras que son competencia del Estado y de las Comunidades Autónomas y 1.000 millones de euros para carreteras provinciales.Lógicamente, esta devaluación se debe a varios factores. Uno de ellos es el paso de vehículos pesados. No hay que olvidar que la carretera mueve el 90% de viajeros y de mercancías en transporte interior. Entonces, tal y como explica el experto, al ser un transporte tan utilizado, también es el que más desgasta.Otros factores que pueden ayudar a incrementar el deterioro del pavimento son el tráfico y las inclemencias climatológicas, algo que hemos visto en estas últimas semanas."Los deterioros comienzan siendo leves, apareciendo fisuras o grietas longitudinales o transversales que, si no se reparan a tiempo, con el paso del tráfico y con la caída de lluvias principalmente y de heladas, se va incrementando", afirma Miralles."El agua va penetrando por esas grietas y va accediendo a capas inferiores del pavimento, que son las que dan soporte a la capa de circulación. De esta manera, cuando hay una grieta, el agua se va colando por la grieta, va alcanzando capas inferiores y entonces las va deteriorando, va socavando los materiales que hay dentro del pavimento", explica."Entonces, lo que en principio era un simple deterioro superficial reparable acaba siendo un deterioro estructural mucho más serio y con un coste mucho mayor", añade.Consecuencias de la falta de financiaciónEn concreto, la red de carreteras del Estado la conforman 26.000 km. Por su parte, si sumamos todas las carreteras que componen la red autonómica, siendo conscientes de que cada comunidad autónoma se encarga de sus propias vías, la suma asciende hasta los 70.000 km. En total, son más de 100.000 km de carreteras públicas.En el caso de que todos se pusiesen de acuerdo y quisieran reparar el pavimento, ¿cuánto costaría ponerlo todo a punto? "En el año 2022, que fue la anterior inspección que hicimos, ciframos en más de 9.000 millones de euros el déficit en conservación de carreteras", empieza explicando Enrique Miralles.Ahora, ese déficit se ha elevado hasta los 13.500 millones. "En pocos años ha aumentado en casi 4.000 millones. Hay una parte de ese aumento del coste que se debe a la inflación y porque los materiales se han envejecido, pero hay una parte más importante y es por no haber conservado a tiempo".El no arreglar las carreteras tiene más impactos que el hecho de repararlas. Para los conductores, supone un aumento del 12% en el consumo de combustible, además de los daños en los neumáticos derivados del asfalto.Pero no solo eso. Según estimaciones del propio Ministerio del Interior y la DGT, el impacto económico y sanitario de los siniestros viales derivados de malas condiciones de la vía supera cada año los 3.000 millones de euros, sin contar con el sufrimiento intangible y las vidas rotas que no se computan en los balances.