Una ciudad sin rotondas Hace unos días que volví del Salón de Pekín y aún sigo asimilando todo lo que viví en los 10 días que estuve en el gigante asiático. No hay dudas de que China es un país inmenso, lleno de gente y de caos, algo que se refleja en sus carreteras. Este ajetreo no solo es por la cantidad ingente de coches que circulan todos los días por sus grandes ciudades, sino también por su particular forma de conducir.La primera toma de contacto fue nada más llegar, al coger un Didi, su particular servicio de VTC, para ir a la Gran Muralla. En menos de hora y media de trayecto, su especial forma de comunicarse a través del claxon; que esté supernormalizado ir haciendo videollamadas mientras conducen; y que, en ningún punto de la ciudad, vas a encontrar una rotonda.Quizás, esto último fuese lo que más me llamó la atención de todo, por sorprendente que parezca. Si a cualquier europeo nos hacen dibujar cómo es una avenida o, incluso, una autovía, en algún momento aparecerá una rotonda. Sin embargo, en mi paso por el país tan solo vi UNA rotonda y fue en Wuhu, una ciudad ubicada al sureste de China, y servía para evitar crear un embudo.¿Cómo cambian de sentido, te preguntarás? Simple, cualquier calle se convierte en una rotonda provisional. De esta manera, si un coche necesita darse la vuelta, simplemente se para en seco, invade el carril contrario parando el tráfico y se va.Junto con las videollamadas, es muy común también verles coger el teléfono en plena conducción para contestar a los mensajes que les van llegando, por largos que sean. Esto provoca que el coche vaya dando bandazos hasta, como fue nuestro caso, acabar en un accidente al chocar el taxi contra el muro de una mediana. Sumando todas estas imprudencias, era yo misma la que les pedía que activasen la conducción autónoma. Esta era la opción de llegar a mi destino sana y salva entre tanto caos.Con esta situación, quedaba ponerse al volante para realizar un ecorally de la mano de Jaecoo. Por suerte, no lo hicimos en Pekín con sus casi 28 millones de habitantes, sino en Wuhu, de casi 4 millones. Aunque es cierto que en esta zona, al ser más rural, la cantidad de coches disminuyó, su caos de tráfico no.Uno de los momentos más surrealistas fue cuando un camión nos pitó para que nos saltásemos un semáforo y le dejásemos paso, ya que había decidido que no iba a frenar. Con ese punto de partida iniciamos un viaje de más de 300 km que se presentaba complicado, sobre todo al llegar a la zona de montaña donde, por arte de magia, los conductores locales decidieron que una vía de doble sentido se iba a convertir en una carretera de tres carriles porque todos decidían pasar a la vez.Todo esto mientras esquivas a niños, ancianos y trabajadores que circulan, juegan y cruzan por la carretera. Si algo aprendí de China es que se debe conducir en modo defensivo constante y que todo es completamente impredecible.Sobrevivir al tráfico en China no va de conducir "mejor", sino de adaptarte a un entorno con normas implícitas distintas. Eso sí, debes entender una cosa: usa el claxon como herramienta de comunicación, no como enfado. En China es habitual avisar de tu presencia con pequeños toques, algo que ayuda a evitar sustos más que a provocarlos.