A principios del siglo XXI, las marcas de automóviles experimentaron con muchos modelos en segmentos inéditos. Entre ellos, estaba el de los urbanos descapotables, una nueva forma de entender la movilidad por la ciudad. En esta particular categoría se insertaba el Citroën C-Airplay, que debutó en el MotorShow de Bolonia de 2005 como uno de los concept cars más sorprendentes de la casa francesa. Era un prototipo que anticipaba soluciones destinadas a aparecer también en la producción en serie, especialmente para el nicho que se situaba entre el C1 y el C2, aún sin un modelo realmente distintivo. El nombre resumía la esencia del proyecto: 'C' como Concepto, 'Air' como contacto con el exterior y 'Play' como juego, ligereza y vitalidad. El eslabón de conexión El C-Airplay era más corto que el C1 y utilizaba la base técnica del C2, dando lugar a un tres puertas de apenas 3,30 metros de largo. Su forma redondeada recordaba vagamente a la del Fiat 500 y proponía un lenguaje fresco, dominado por el frontal redondeado con faros grandes y tres tomas de aire inferiores, elementos que también recordaban al C1. Galería: Citroën C-Airplay concept 2005 El detalle más escenográfico del Citroën estaba constituido por los paneles transparentes integrados en la parte baja de las puertas: una solución que amplificaba la percepción de la velocidad y aumentaba la luminosidad interior, aunque era difícilmente replicable en un modelo de serie. Techo desmontable e interior de silicona El techo representaba otro elemento clave del proyecto. No era un verdadero coupé-cabrio, ni un descapotable complejo como el C3 Pluriel. En concreto, el C-Airplay proponía un techo transparente desmontable manualmente, que se guardaba en un lugar específico del maletero. También la luneta podía retirarse con la misma simplicidad, ofreciendo una experiencia de conducción al aire libre sin mecanismos complicados. Citroën C-Airplay Concept 2005, interior El interior era un manifiesto de creatividad francesa. Materiales innovadores para la época como la silicona y superficies suaves dominaban el habitáculo, mientras que los controles se concentraban alrededor del volante y en una zona táctil ubicada en el centro de los asientos delanteros: aquí se situaban los botones del cambio Sensodrive, de los elevalunas eléctricos y de los retrovisores. La habitabilidad correspondía a un 2+2 plazas: dos adultos delante y dos niños detrás, con los asientos traseros que podían convertirse en un espacio de carga adicional. Aunque nunca entró en producción, el C-Airplay dejó una huella en el camino creativo de Citroën. Un prototipo libre, juguetón y experimental, que contribuyó a definir la identidad de la marca de ese periodo.