El momento suele llegar sin avisar. Un testigo de bajo nivel de aceite se enciende en el cuadro y toca buscar una garrafa cuanto antes. Ahí aparece una duda que miles de conductores resuelven deprisa y, en muchos casos, mal. Porque no siempre es fácil encontrar exactamente el mismo lubricante que lleva el coche. En una gasolinera o en una tienda de recambios abundan envases con números parecidos y la tentación de escoger 'el más similar' resulta habitual cuando la prioridad es seguir circulando. Lo que muchos desconocen es que esas cifras impresas en la etiqueta no son un simple detalle técnico. La viscosidad condiciona directamente cómo circula el aceite dentro del motor y cómo protege cada componente en frío, en caliente o bajo esfuerzos elevados. ¿Qué significan estos números? La combinación alfanumérica que aparece en los lubricantes responde a la clasificación SAE. El primer número, acompañado de la letra W, hace referencia al comportamiento del aceite a bajas temperaturas. Cuanto menor es esa cifra, más fluido resulta durante el arranque. El segundo valor indica la viscosidad cuando el motor alcanza temperatura de funcionamiento. Ahí entra en juego la capacidad del lubricante para mantener una película protectora estable entre las piezas metálicas sometidas a fricción constante. Por ese motivo, cada fabricante desarrolla sus motores pensando en una viscosidad concreta. Las bombas de aceite, las tolerancias internas y la presión de trabajo están diseñadas para funcionar dentro de unos parámetros muy determinados. Viscosidades distintas La respuesta corta es que sí puede hacerse, pero solo de forma puntual y nunca como costumbre. Mezclar aceites diferentes no suele provocar una avería inmediata, aunque sí puede alterar el comportamiento del lubricante y reducir parte de su eficacia. Una combinación relativamente cercana, como un 5W30 con un 5W40, suele tolerarse mejor porque ambos comparten comportamiento en frío. La diferencia aparece cuando el motor alcanza altas temperaturas, momento en el que la protección deja de ser exactamente la prevista. El problema aumenta cuando la distancia entre viscosidades es mucho mayor. Combinar un 5W30 con un 20W50 modifica notablemente la fluidez y puede afectar tanto a la lubricación inicial como a la presión interna del circuito. El desgaste no aparece de inmediato Ese es precisamente uno de los motivos por los que muchos conductores minimizan el riesgo. El coche sigue funcionando con normalidad y, aparentemente, nada cambia durante los primeros días tras rellenar el nivel. Sin embargo, los especialistas explican que el desgaste derivado de una lubricación inadecuada suele ser progresivo. Una película de aceite menos estable puede aumentar la fricción entre componentes críticos y acelerar el deterioro de segmentos, cojinetes o turbocompresores. Además, un lubricante demasiado espeso obliga a trabajar más a la bomba de aceite y tarda más tiempo en llegar a determinadas zonas del motor durante el arranque, el momento en el que se produce buena parte del desgaste mecánico. Comprobar el nivel de aceite (y sustituirlo cuando sea necesario) es esencial para el mantenimiento del vehículo. La situación en la que sí se pueden mezclar Los técnicos coinciden en que existe una excepción clara. Cuando el nivel de aceite cae por debajo del mínimo y no se dispone del producto exacto recomendado, añadir un lubricante compatible resulta menos perjudicial que continuar circulando casi sin aceite. En esos casos, lo aconsejable es utilizar una viscosidad lo más próxima posible y en cuanto se pueda realizar un cambio completo de aceite y filtro. La mezcla debe entenderse únicamente como una solución temporal para evitar daños mayores. También conviene revisar las homologaciones del fabricante, ya que dos aceites con viscosidades similares pueden no cumplir las mismas especificaciones técnicas. Ignorar ese detalle puede afectar incluso a sistemas anticontaminación como el filtro de partículas. La mejor referencia Aunque muchos conductores no lo consultan nunca, el libro de mantenimiento recoge exactamente qué aceite necesita cada motor. Ahí aparecen tanto la viscosidad correcta como las normas técnicas que debe cumplir el lubricante. Respetar esas indicaciones no solo mejora la protección mecánica. También ayuda a reducir el consumo, evitar residuos internos y garantizar que componentes sensibles trabajen dentro de los márgenes previstos por el fabricante.