La transición a una movilidad más sostenible sigue avanzando y, en ese contexto, los coches eléctricos han ido ganando mucha presencia en los últimos años. El problema es que el crecimiento de este tipo de vehículos no depende únicamente de sus características, sino de otros factores como contar con una infraestructura de recarga capaz de responder a la demanda.De hecho, uno de los grandes obstáculos de los coches electrificados siempre ha sido la falta de puntos de carga suficientes y bien distribuidos. España lleva años trabajando para ampliar esta red y las cifras son cada vez mejores, pero todavía existen ciertos problemas visibles que generan dudas entre los usuarios. Más puntos de recarga Según los datos recopilados por la Asociación Empresarial para el Desarrollo e Impulso de la Movilidad Eléctrica (AEDIVE), este mes de mayo de 2026 la infraestructura pública de recarga para vehículos eléctricos en España alcanzó los 54.794 puntos operativos. Estas cifras suponen un crecimiento de más del 9% con respecto a 2025 y demuestran una clara tendencia de expansión de la red en todo el territorio nacional. En definitiva, para los conductores de vehículos eléctricos cada vez es más fácil recargar, más aún si tenemos en cuenta que cada vez hay más puntos de carga rápida. En esta línea, los puntos ultrarrápidos de más de 350 kW han aumentado un 5,12% según la AEDIVE. Sin embargo, todo esto no significa que se esté poniendo fin al problema de la infraestructura.España roza los 55.000 puntos de carga para coches eléctricos, pero sigue arrastrando un problema oculto Todavía queda trabajo Más allá de esos casi 55.000 puntos que funcionan, hay otros 17.073 puntos instalados en España que están completamente inoperativos. Esto quiere decir que aproximadamente uno de cada cuatro cargadores no puede utilizarse. Tal y como explican desde Híbridos y Eléctricos, esto pone de relieve un problema estructural. Y es que la expansión de la infraestructura avanza más rápido que la capacidad para tenerla en funcionamiento. Esa situación se debe en gran medida a la saturación de la red eléctrica, a lo que hay que sumar los retrasos burocráticos para obtener permisos, licencias y autorizaciones de conexión.