Cuando un coche pierde fuerza al acelerar, vibra o incluso se para de repente, se suele decir que el motor se "ahoga". Es una expresión muy común en el mundo de la automoción que cualquier persona ha escuchado alguna vez, pero que no todo el mundo sabe exactamente qué significa. Y todavía menos conductores son conscientes de por qué sucede y cómo pueden evitarlo.En primer lugar hay que entender que cuando se dice que el motor se "está ahogando" significa que no recibe la mezcla correcta de combustión. Normalmente es culpa de un exceso de combustible o una falta de aire, lo que provoca que el motor no tenga la fuerza suficiente para reaccionar a los acelerones. Este problema puede deberse a fallos mecánicos pero también a errores del conductor. Cambios de marcha Una de las principales causas por las que el motor se "ahoga" es que el conductor cambia de marcha demasiado pronto o demasiado tarde. En el primero de los supuestos lo que sucede es que el motor funciona a una velocidad demasiado baja y comienza a dar tirones. La caja de cambios comienza a vibrar y, con el paso del tiempo, puede desgastarse la palanca de cambios. Si se cambia de marcha demasiado tarde, el embrague se sobrecalienta porque trabaja con demasiada tensión. Según VE, peor aún es bajar dos marchas repentinamente, ya que las revoluciones se disparan y el embrague no tiene tiempo para acoplarse. En los peores casos, las ruedas pierden tracción y el conductor pierde el control del vehículo. Fallos mecánicos Como hemos comentado, la razón por la que se dice que el motor se "ahoga" es que no recibe la mezcla de aire y combustible correcta. Por eso, una de las primeras cosas que se debe revisar es dicha mezcla. En este punto conviene asegurarse de que los filtros de aire o los inyectores no estén demasiado sucios, ya que la carbonilla podría obstruir el sistema.Qué quiere decir que el motor de un coche se "ahoga" y por qué pasa: los fallos mecánicos más comunes que todo conductor debe conocer También puede deberse a problemas en el sistema de encendido, por ejemplo, unas bujías desgastadas. Incluso podría deberse a una válvula EGR defectuosa, a fugas en el sistema de combustible o a una bomba de gasolina débil. En cualquier caso, es importante llevar el coche a un especialista para no provocar averías graves que aparecen con el tiempo.