Madrid ensaya un sistema de monitorización para mayor seguridad en el interior de los coches de transporte público individualEl proyecto del Foro Económico Mundial (WEF, en inglés), expuesto en Davos por su anterior presidente, Klaus Schwab, avanza despacio, pero avanza. Su objetivo final se resumía en la frase “no tendrás nada y serás feliz”. Empezando por la vivienda, cada vez más inalcanzable en precio, y seguido del transporte privado. Comprar un coche eléctrico, que debería ser barato, es paradojamente muy caro en España y la UE. Si a ello sumamos los impuestos al combustible, las dificultades para circular por las ciudades o los radares que abundan por doquier, cada vez se alienta más a la ciudadanía a vivir sin automóvil, lo que es ya una realidad para decenas de personas en las grandes ciudades. En Singapur, además, tener un auto se ha convertido en un auténtico lujo porque los ciudadanos tienen que pagar cantidades exageradas simplemente por tener el derecho de comprarlo. Adquirir un certificado de propiedad puede costar hasta 100.000 dólares. Después hay que pagar por el coche. El certificado no es vitalicio. Apenas otorga un permiso de circulación de diez años. Suena a locura, pero es verdad. No hemos llegado aún ahí en Occidente, sólo que las dificultades para los conductores son cada vez mayores. Prohibiciones por el tipo de combustible, por el lugar al que se quiere acceder, por el modelo que se dirige y por cualquier cosa en realidad. Cada vez son más las prohibiciones y los radares. A los sistemas de control de velocidad se van a sumar ahora los de control de humos, que medirán en calles y carreteras las emisiones de nuestro vehículo, reportándose los excesos en forma de multas. Los nuevos artilugios anticontaminación incorporan una tecnología de teledetección que se colocará a ambos lados de la vía para medir y analizar los gases. Tendrán incorporadas cámaras para identificar la matrícula de cada coche, la velocidad a la que circula y su aceleración.Una vuelta de tuerca más en un sistema que se pretende más seguro, pero que ahonda en la disminución de los niveles de libertad individual. El dinero digital sabrá todo sobre nuestra economía. El teléfono móvil proporciona en perfil exacto de quien lo usa. Las casas domóticas, robots domésticos, transmiten información al segundo sobre los hábitos de usuarios y ocupantes. Los coches de última generación son ya una máquina andante que informa al segundo sobre el auto y quienes lo manipulan. Lo que nos lleva a una suerte de vigilancia vehicular preocupante.Ahora se están comenzando a generalizar también las cámaras de monitorización dentro de los taxis, algo que parece justificado dado la inseguridad a que se enfrentan en su trabajo numerosos taxistas. Están justificadas, pero es cierto que se trata de una medida más que abunda en este control omnipresente que cada vez deja menos espacios para las libertades individuales. Vigilados en nuestras casas, por nuestro Smart TV, por nuestro celular, dentro del coche, en la calle, en el taxi y en todas partes. El mundo que nos ha tocado.