El mapa de radares en España elaborado por Automovilistas Europeos Asociados (AEA) no solo muestra la extensión de los controles de velocidad, sino también sus ubicaciones más frecuentes. A través de esta herramienta, los conductores pueden identificar con precisión los tramos donde es más habitual encontrar dispositivos de vigilancia, muchos de ellos coincidentes con los puntos que generan más sanciones en todo el país.La base del mapa recoge ubicaciones reales donde la Dirección General de Tráfico instala radares de forma recurrente desde hace más de dos décadas, con especial presencia en autovías y grandes ejes de comunicación . Este patrón se confirma al analizar los radares que más multan en España, donde destacan tramos muy concretos y repetitivos. Radares por toda España: donde se concentran y cuáles son los tramos especialmente vigiladosTramos con mayor presencia de radares Entre las ubicaciones más señaladas figura la autovía M-40 en Madrid, especialmente en los kilómetros 20 y 52, dos de los puntos con mayor número de sanciones del país. También en la capital, los radares situados en la A-4 (kilómetros 12 y 13) y en la A-2 (kilómetro 15) concentran miles de denuncias cada año. En Andalucía, la A-7 a su paso por Málaga —en los kilómetros 968 y 978— aparece como uno de los corredores más vigilados. A estos se suman otros puntos como la A-45 (kilómetros 118 y 128), la MA-20 (kilómetro 10) o la A-92 en Sevilla (kilómetros 0 y 83), todos ellos con elevados registros de infracciones. El mapa también destaca ubicaciones en el norte peninsular, como la A-15 en Navarra (kilómetro 127), la A-66 en Asturias (kilómetro 35) o la AP-68 en La Rioja (kilómetro 78). En Galicia, los radares situados en la A-55 (kilómetros 9 y 11) y en la A-52 (kilómetro 282) figuran entre los más activos del país. Corredores estratégicos bajo vigilancia Más allá de puntos concretos, el mapa revela que los radares se concentran en corredores estratégicos. La A-4, que conecta Madrid con Andalucía, cuenta con múltiples dispositivos en distintos tramos: desde el kilómetro 135 en Ciudad Real hasta el 417 en Córdoba o el 495 en Sevilla. Algo similar ocurre con la A-3 (Madrid-Valencia), donde destacan radares en el kilómetro 48 en Madrid y el 314 en Valencia, o con la A-1 (Madrid-Burgos), con dispositivos en los kilómetros 125 y 234. En la Comunidad Valenciana, la A-70 en Alicante (kilómetros 8 y 27) y la AP-7 en Castellón (kilómetros 356 y 390) son otros ejemplos de tramos especialmente controlados. También aparecen carreteras convencionales como la N-340 en Cádiz (kilómetro 70) o la N-122 en Soria (kilómetro 142), lo que demuestra que la vigilancia no se limita únicamente a vías rápidas. Miles de puntos repartidos por todo el país El mapa de AEA no se limita a estos ejemplos: incluye miles de ubicaciones distribuidas por todas las comunidades autónomas, desde Canarias hasta Galicia, pasando por Castilla-La Mancha o Aragón. En conjunto, España cuenta con centenares de radares fijos, móviles y de tramo repartidos por toda su red viaria . Además, la red sigue creciendo. La DGT continúa incorporando nuevos dispositivos en carreteras de diferentes provincias, reforzando la vigilancia en puntos considerados conflictivos o con alta siniestralidad. Una herramienta para anticiparse La utilidad del mapa radica precisamente en su nivel de detalle. No se trata solo de saber que existen radares, sino de conocer exactamente dónde están: qué carretera, qué kilómetro y en qué sentido de circulación. Esta información permite a los conductores anticiparse y adaptar su conducción en tramos concretos. Sin embargo, expertos en seguridad vial recuerdan que el objetivo final no es evitar multas, sino reducir accidentes. La concentración de radares en determinados puntos responde, en muchos casos, a la necesidad de controlar zonas con alta densidad de tráfico o histórico de siniestralidad. En cualquier caso, el mapa deja una conclusión clara: la vigilancia en las carreteras españolas es cada vez más precisa y localizada. Y en tramos como la M-40, la A-7 o la A-4, exceder la velocidad permitida resulta hoy más difícil que nunca sin enfrentarse a una sanción.