Desde Barcelona hasta Madrid, los dispositivos acústicos empiezan a "escuchar" a tu coche o moto y pueden traducirse en multas si superan los límites de decibelios permitidos.La lucha contra la contaminación acústica —ese enemigo silencioso que según diversas asociaciones afectó a la salud de millones de personas urbanas incluso mucho antes de la masificación del coche eléctrico— ha evolucionado. Tras décadas de vigilar exclusivamente velocidad, consumo de alcohol o el uso del móvil, ahora la atención de las autoridades se desplaza también hacia el ruido que producimos al volante. Ahora te multarán aunque circules por debajo del límite de velocidad: así son los nuevos radares de ruido en EspañaQué son los radares de ruido y cómo funcionan Los radares de ruido —también conocidos como radares medusa por su diseño— son dispositivos equipados con micrófonos de alta precisión y cámaras que capturan la matrícula del vehículo que pasa por un punto determinado. A diferencia de los radares tradicionales, estos sistemas no registran kilómetros por hora, sino decibelios emitidos por un coche o moto al circular. La tecnología puede discriminar el sonido del motor incluso en condiciones de tráfico denso y, cuando el nivel supera un umbral establecido por ordenanza (generalmente alrededor de 85–87 dB en zonas urbanas), el dispositivo registra la infracción. Este umbral caracteriza no solo acelerones bruscos y música a todo volumen, sino también escapes modificados, algo cada vez más común entre conductores que desean un sonido "más agresivo" o mayor performance. España se pone manos a la obra En nuestro país, Barcelona fue pionera en instalar estos radares en más de diez puntos estratégicos de la ciudad y también en la carretera C-31. Sin embargo, en esta fase inicial todavía no emiten sanciones automáticas por sí mismos. Aunque la DGT (Dirección General de Tráfico) no integra todavía estos radares en su red de vigilancia —que sigue centrada en seguridad vial tradicional— la normativa vigente sí establece límites de ruido que los vehículos no deberían superar. Si un coche o moto excede dichos niveles de decibelios y queda registrado por una autoridad competente, puede enfrentarse a sanciones económicas incluso sin ser "cazado" por un radar acústico. Multas: cuánto puede costar hacer demasiado ruido Según la legislación actual en España relativa a contaminación acústica y tránsito: Hasta 4 dB por encima del límite: multa leve (alrededor de 90 €). Entre 4 y 7 dB de exceso: infracción grave (91 € – 300 €). Más de 7 dB por encima: infracción muy grave (300 € – 600 €). Estas cifras pueden variar ligeramente según ordenanzas municipales o actualizaciones legislativas, pero dan una idea clara de que no es solo una cuestión de velocidad o emisiones contaminantes: el ruido también se paga. El objetivo detrás de la medida Los defensores de los radares de ruido subrayan que la contaminación acústica es un problema de salud pública: puede provocar desde insomnio y estrés hasta problemas cardiovasculares a largo plazo. Ciudades como París, Londres o Nueva York ya cuentan con sistemas similares que sancionan automáticamente a vehículos ruidosos, con multas incluso superiores a las establecidas aquí. Críticas y dudas entre los conductores No faltan críticas desde algunos sectores de la comunidad automovilística. Las quejas más habituales incluyen: Que coches nuevos, legales y de fábrica también puedan ser sancionados si son más ruidosos de lo común. Dudas sobre la fiabilidad de las mediciones acústicas y su asociación a una matrícula concreta en calles estrechas o con rebotes sonoros. A estos debates se suma la discusión sobre si estas medidas se implementan con fines principalmente ambientales y de salud pública o con objetivos recaudatorios, una crítica que ya ha rodeado a otros sistemas de control, como los radares de velocidad. ¿Qué esperar en los próximos años? Aunque todavía en fase inicial, los radares de ruido son una pieza más en el complejo puzzle de la movilidad urbana sostenible. Con el aumento de la presión social y las directrices europeas sobre calidad de vida, es muy probable que estas tecnologías se extiendan y se integren más estrechamente en las estrategias de tráfico urbano en toda España.