La bicicleta, el vehículo más rentableSon muchos los datos disponibles que aseguran que la bicicleta es el modo de transporte más eficiente en términos económicos, el más limpio en términos ambientales y uno de los más beneficiosos para la salud. No consume combustible, no produce gases de efecto invernadero, es fácil de aparcar y, según la Organización Mundial de la Salud, alarga la vida de quienes lo usan. La bicicleta que, a pesar de contar con casi dos siglos de historia, no fue reconocida por las instituciones europeas hasta hace pocos años (2024) como una de las formas de transporte más sostenibles, accesibles, inclusivas, económicas y saludables, para la sociedad y la economía europeas. Beneficios económicos y de salud pública Según datos de la Federación Europea de Ciclistas (ECF) de 2024, el uso de la bicicleta genera unos 90.000 millones de euros anuales. Esta cifra engloba mejoras en salud pública, reducción de emisiones, ahorro de combustible y una menor congestión y ruido urbano. Concretamente, el uso de la bicicleta previene anualmente 18.110 muertes prematuras en la Unión Europea, lo que equivale a un impacto económico de 52.000 millones de euros. Además, ahorra más de 3.000 millones de litros de combustible, una cantidad similar al consumo total del transporte por carretera de un país como Irlanda. El impacto en la reducción de ruido también tiene su traducción económica, ahorrando alrededor de 300 millones de euros anuales, teniendo en cuenta que el ruido del tráfico rodado provoca en Europa unas 8.900 muertes prematuras y casi 800.000 casos adicionales de hipertensión. Aliada contra el cambio climático El transporte representa una cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero en la UE, y el tráfico por carretera aporta el 73,2% de ese total. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, este es el sector más difícil de descarbonizar. En este escenario, según los expertos, la movilidad activa surge como una de las pocas medidas capaces de ofrecer resultados rápidos sin grandes inversiones tecnológicas. Los cálculos de la ECF señalan que circular en bicicleta genera solo 21 gramos de CO₂ por kilómetro, frente a los 271 gramos de un automóvil de pasajeros (casi trece veces más). Un autobús urbano se sitúa en un punto intermedio con 101 gramos, cifra que varía según su grado de ocupación. Además, a estos datos habría que sumar el estudio publicado en 2025 por la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos que estima que, si todas las ciudades del mundo imitaran la red ciclista de Copenhague, las emisiones de vehículos privados caerían un 6%, generando beneficios de salud valorados en 435.000 millones de dólares anuales.