MURCIA.-Las matriculaciones de vehículos caen un 1,7% en la Región de Murcia en enero, con 1.366 unidadesLa Dirección General de Tráfico mantiene una campaña activa de vigilancia sobre un elemento del vehículo que muchos conductores relegan al olvido tras largos trayectos por caminos rurales o días de lluvia intensa: la placa de matrícula. Circular con ella cubierta de barro, polvo, nieve o incluso hielo acarrea consecuencias económicas directas, ya que el Reglamento General de Circulación no admite excusas respecto a la legibilidad de la identificación del vehículo. La sanción base para quienes descuidan la visibilidad de los caracteres alfanuméricos asciende a 200 euros, un castigo que no conlleva la detracción de puntos del permiso de conducir, pero que igualmente supone un importante desembolso para las familias y un trámite administrativo evitable con un simple gesto de mantenimiento. La normativa es diáfana: los sistemas de detección y los agentes de la autoridad deben poder identificar el vehículo en cualquier circunstancia, sin que la suciedad acumulada actúe como un velo que impida la lectura.El incremento de los controles responde, en gran medida, a la proliferación de cámaras de seguridad y radares automáticos en los entornos urbanos e interurbanos. Una placa embadurnada de lodo o en mal estado dificulta la labor de vigilancia de la Guardia Civil y obstaculiza la función de los lectores ópticos instalados en los pórticos de las autopistas o en los accesos a las Zonas de Bajas Emisiones. La delgada línea entre la negligencia y el delito Las consecuencias legales se agravan de manera exponencial cuando las autoridades determinan que el estado de la matrícula no es fruto de la desidia, sino de una manipulación deliberada orientada a eludir la identificación del automóvil. En estos supuestos, la actuación del conductor pasa de ser una mera infracción administrativa a un comportamiento que puede rozar el ilícito penal. Si se detecta que el propietario ha empleado adhesivos, pintura, sprays reflectantes o cualquier otro método para ocultar o modificar los dígitos y letras de la placa, la cuantía de la multa se dispara desde los 200 euros iniciales hasta alcanzar los 6.000 euros, una cifra a la que además se le suma la pérdida de seis puntos del carnet de conducir y, en determinados escenarios, la inmovilización inmediata del vehículo. La ley es tajante en este punto: lo que empieza como un simple descuido con el barro puede terminar, si hay intencionalidad, en un quebranto económico muy serio y en la inhabilitación temporal para conducir.