Las altas temperaturas de hasta 30 grados y la calima persisten este domingo en CanariasA medida que se aproxima la temporada estival, no está de más recordar a los conductores que estacionar el coche directamente sobre la arena de una playa constituye una infracción que puede acarrear un importante desembolso económico.La base legal que sustenta estas multas se encuentra en el artículo 33.5 de la Ley de Costas (Ley 22/1988), el cual dictamina de forma clara que están "prohibidos el estacionamiento y la circulación no autorizada de vehículos" en todas las playas del territorio nacional. Esta normativa se aplica a la superficie de arena compacta, y se extiende también a los accesos no habilitados y caminos que conducen directamente al mar.Las sanciones presentan una horquilla considerable que varía en función de la gravedad de la invasión y, sobre todo, del valor ecológico del espacio afectado. Para las infracciones consideradas leves, como estacionar en un acceso no autorizado en una playa urbana convencional, la cuantía oscila habitualmente entre los 50 y los 150 euros. No obstante, la factura se dispara de manera exponencial cuando el vehículo accede a la arena o circula por una zona que goce de algún grado de protección ambiental. En el caso de playas situadas dentro de parques naturales, espacios de la Red Natura 2000 o Zonas de Especial Protección para las Aves (ZEPA), la multa puede ascender hasta los 6.000 euros. Esta cifra máxima se justifica por el daño medioambiental que ocasiona un turismo al compactar la arena y alterar la morfología de un ecosistema frágil.Las consecuencias de la imprudencia y el refuerzo de los controlesEl tránsito de vehículos sobre la arena modifica el terreno y dificulta su regeneración natural, pudiendo afectar a la flora y fauna autóctonas que habitan en la franja litoral. A esto se suma el peligro para la seguridad del propio conductor, ya que la aparente firmeza de la arena puede resultar engañosa, provocando que el coche quede atrapado y obligue a movilizar recursos de emergencia para su rescate, un gasto que suele repercutir directamente en el bolsillo del infractor. Durante los meses de verano, cuando la afluencia masiva a las costas multiplica la tentación de aparcar en primera línea, las patrullas locales y los agentes de la autoridad refuerzan la vigilancia para detectar estas conductas.Aunque la Ley de Costas establece un marco general de aplicación estatal, cada municipio tiene la potestad de dictar sus propias ordenanzas para regular el uso de su litoral. Por ello, se recomienda consultar la señalización específica de cada zona y optar siempre por los estacionamientos habilitados, ya sean gratuitos o de pago, para evitar que un día de playa termine con un susto económico.