Estas son las nuevas medidas de seguridad que debe cumplir este túnel viario y que se podrían trasladar al resto de los existentes en España El Ayuntamiento de Bilbao ha dado un paso decisivo en la modernización de sus infraestructuras críticas al establecer un nuevo marco regulador que define las medidas de seguridad obligatorias para los túneles viarios de titularidad municipal.Esta normativa, que nace con el objetivo de adaptar las galerías urbanas a las exigencias tecnológicas y de protección civil del siglo XXI, se estrena con el túnel de Karmelo Bernaola, en la zona de Ibarrekolanda, pero su diseño y profundidad técnica son de tal magnitud que los expertos apuntan a que estas directrices podrían servir de base para una futura homogeneización de la seguridad en el resto de los túneles de España.Hasta la fecha, la gestión de la seguridad en los túneles urbanos se encontraba en una suerte de vacío normativo específico, ya que las directivas estatales y europeas están pensadas fundamentalmente para vías interurbanas o de la Red de Carreteras del Estado.Sin embargo, Bilbao ha detectado la necesidad de legislar sobre sus propios pasos subterráneos, teniendo en cuenta las particularidades de la movilidad en la ciudad, donde las velocidades son más reducidas, existe una mayor densidad de tráfico y la presencia de vehículos de transporte público o peatones en las inmediaciones de las bocas del túnel es constante.El nuevo reglamento pone un énfasis especial en la prevención y en la capacidad de respuesta ante incidentes graves, como incendios o colisiones múltiples. Uno de los pilares de esta regulación es la exigencia de distancias máximas entre las salidas de emergencia.Según el documento aprobado, ningún punto del túnel puede estar a una distancia excesiva de una zona segura; en concreto, se establece que la separación entre dos salidas de evacuación consecutivas no debe superar los quinientos metros. Esta medida garantiza que, en caso de que el humo o el fuego bloqueen un sector, los usuarios siempre tengan una alternativa de escape viable y cercana.La visibilidad es otro de los puntos neurálgicos de la nueva normativa. El consistorio bilbaíno ha determinado que la iluminación de seguridad debe ser lo suficientemente robusta como para permitir que, incluso ante un fallo total del suministro eléctrico general, los conductores puedan evacuar el túnel con sus vehículos de forma ordenada.Además, las señales luminosas de evacuación se han reubicado estratégicamente a una altura inferior a un metro y medio. Esta disposición no es casual: responde a criterios científicos de seguridad contra incendios, puesto que en caso de fuego el humo tiende a ascender y acumularse en la parte superior, dejando la zona más cercana al suelo con una mayor claridad para que los peatones identifiquen las rutas de salida.En cuanto a la lucha contra incendios, el nivel de exigencia se eleva proporcionalmente a la longitud de la infraestructura. Aquellos túneles que superen el medio kilómetro de largo estarán obligados a contar con una red de hidrantes propia. Estos puntos de suministro de agua para los bomberos deberán estar ubicados tanto en las inmediaciones de las entradas como en el interior de la galería, manteniendo intervalos no superiores a los doscientos cincuenta metros entre cada uno.Todo ello permite que los servicios de emergencia tengan un acceso inmediato al agua sin necesidad de desplegar cientos de metros de mangueras, ganando minutos vitales en situaciones críticas.La ventilación también cobra un protagonismo renovado. El sistema debe ser capaz de gestionar no solo la renovación del aire en condiciones normales para evitar la acumulación de gases contaminantes, sino que debe estar dimensionado para el control de humos en caso de incendio.El impacto de estas medidas en Bilbao es solo el principio. La solidez del marco legal desarrollado por los técnicos municipales ha despertado el interés de otras administraciones locales y autonómicas. Dado que muchos ayuntamientos de España carecen de una ordenanza tan específica para sus túneles urbanos, el modelo de Bilbao se perfila como el estándar de oro que podría terminar integrándose en la normativa nacional.Al priorizar la seguridad del usuario y la eficiencia de los equipos de rescate mediante soluciones técnicas tan concretas como la altura de las luces de emergencia o la frecuencia de los hidrantes, la capital vizcaína no solo protege a sus ciudadanos, sino que marca el camino hacia una red de transporte subterráneo más segura en todo el país.