La última vez que estuve en Londres de vacaciones, en 2016, mi hotel estaba muy cerca de Trafalgar Square, en pleno centro, a partir de las 17 horas y hasta bien entrada la madrugada, aquello se parecía más a estar en el paddock de un circuito que en corazón de una ciudad. Una legión de atronadores Ferrari, Lamborghini, McLaren y cualquier deportivo de altísimo nivel se dedicaban a pasar por las calles más céntricas de Londres acelerando con un estruendo realmente molesto. Ahora, una década después, ese fenómeno ha desaparecido gracias a una estricta normativa municipal que afecta no solo a los coches, también a otros comportamientos incívicos. Se trata de las PSPO, las Órdenes de Protección del Espacio Público, por sus siglas en inglés, que afectan a numerosas prácticas incívicas, desde la recogida de excrementos de perros como a la mendicidad agresiva o las prácticas publicitarias en la vía pública. Una de las más demandadas por los vecinos era la relativa a la conducción antisocial y la que incluye más puntos sancionables. Dentro de esa conducción antisocial se incluyen los acelerones excesivos del motor, llevar la música a todo volumen, realizar derrapes o trompos en la vía pública, exceder los límites de velocidad y obstruir las calles para concentraciones o exhibiciones, prácticas habituales hace unos años de estos jóvenes millonarios residentes en Londres. Multas para los conductores y los espectadores Tanto funcionarios municipales como la policía pueden emitir las notificaciones de una multa fija (FPN) que de entrada es de 100 libras, tanto a los conductores como a los espectadores de todas estas prácticas, sobre todo en el caso de desfiles o concentraciones. Esas multas pueden llegar a las 1.000 libras, unos 1150 euros, en caso de una infracción grave, como las situaciones que "causen alarma, acoso o angustia" al vecindario. La aplicación de esta PSPO parece haber surtido efecto porque ahora, una década después, mi hotel estaba casi en el mismo sitio y esos ruidos de deportivos circulando por el centro habían desparecido por completo. De hecho era difícil ver alguno de esos superdeportivos que parecían haber sido sustituidos por los Rolls-Royce Cullinan, realmente numerosos.