Reconozco que llegué a esta prueba con cierta desconfianza. Al fin y al cabo, no todos los días te invitan a conducir un coche en el que puedes retirar completamente las manos del volante y los pies de los pedales mientras circulas por una autopista. Sobre el papel suena futurista, incluso un poco inquietante, pero después de pasar más de una hora utilizando la tecnología BlueCruise de Ford en carretera terminé bajándome del coche con una sensación completamente distinta a la que tenía cuando me subí.Lo primero que sorprende es que el mayor obstáculo no es tecnológico, sino mental. Durante años hemos asociado la seguridad al hecho de sujetar el volante. Por eso, cuando el sistema se activa y llega el momento de retirar las manos, aparece una sensación extraña, una mezcla entre vértigo y curiosidad. Sin embargo, esa sensación dura muy poco. Apenas pasan unos segundos antes de que empieces a comprender que el coche está gestionando la dirección, la velocidad y la distancia con los vehículos que circulan delante de una forma tan natural que todo parece mucho más sencillo de lo que imaginabas. La prueba se realizó en autovía, precisamente el entorno para el que ha sido desarrollado este sistema.. BlueCruise permite circular sin manos en las denominadas Blue Zones, que son autopistas y autovías previamente mapeadas por Ford. Actualmente cubre 28.500 kilómetros en España, lo que representa aproximadamente el 90% de la red nacional de este tipo de vías, mientras que en Europa alcanza los 133.000 kilómetros repartidos en quince países. Más relajado, pero siempre atento Lo primero que hay que hacer cuando llegamos a una vía rápida es activas el botón del control de crucero y ya nos aparece en el cuadro de instrumentos el dibujo de un volante azul. Eso indica que ya podemos retirar manos del volante y pies de los pedales. Lo que más me llamó la atención durante el recorrido no fue la capacidad del coche para mantenerse centrado en el carril ni la suavidad con la que afrontaba las curvas. Lo verdaderamente sorprendente fue la sensación de tranquilidad que genera. Todos hemos hecho viajes largos en los que, aunque no seamos conscientes, existe una tensión constante. Mantener las manos sujetando el volante durante horas, corregir pequeñas desviaciones, controlar continuamente la velocidad o adaptarnos al tráfico genera un desgaste físico y mental que termina pasando factura. Con BlueCruise esa carga desaparece en gran medida. No porque el conductor deje de ser responsable de la conducción, algo que sigue siendo obligatorio, sino porque gran parte de las tareas repetitivas pasan a estar gestionadas por el propio vehículo. De hecho, una de las cosas que más me gustó es que en ningún momento da la sensación de que el coche esté sustituyendo al conductor. La filosofía del sistema es muy distinta. Tú sigues siendo el responsable y debes mantener siempre la atención en la carretera. La diferencia es que el vehículo se ocupa de acelerar, frenar, mantener la distancia de seguridad y seguir la trayectoria dentro del carril. El resultado es una conducción mucho más relajada, especialmente en trayectos largos o en situaciones de tráfico denso donde el cansancio suele aparecer antes. Precisamente por eso la cámara que vigila al conductor juega un papel fundamental. Está situada en el habitáculo y monitoriza constantemente la dirección de la mirada y la posición de la cabeza para asegurarse de que seguimos atentos. Si apartamos la vista durante unos ocho segundos, el sistema comienza a emitir avisos visuales y sonoros. Si la situación continúa, el coche reduce progresivamente la velocidad y puede llegar incluso a detenerse de forma segura. Durante la presentación insistieron mucho en este aspecto porque BlueCruise no está diseñado para que el conductor se desentienda de la conducción, sino para reducir el estrés sin renunciar a la seguridad. Una tecnología que genera confianza muy rápido Antes de probarlo pensaba que necesitaría muchos kilómetros para sentirme cómodo. La realidad fue muy distinta. En apenas unos minutos dejé de prestar atención al hecho de que no llevaba las manos en el volante y empecé simplemente a disfrutar de la conducción. Es una reacción parecida a la que tuvimos hace años con los sensores de aparcamiento o con las cámaras de visión trasera. Al principio parecen tecnologías extrañas y poco después se convierten en algo que utilizas de manera completamente natural. Y es que el coche transmite confianza desde el primer momento. Todo ocurre con una enorme suavidad. No hay movimientos bruscos, ni correcciones repentinas, ni situaciones que hagan pensar que el sistema está trabajando al límite. Simplemente funciona. También me pareció especialmente interesante el planteamiento de seguridad. Todos sabemos que los despistes y la fatiga están detrás de muchos accidentes. Un conductor puede distraerse durante unos segundos mirando el navegador, buscando algo en la consola central o simplemente porque lleva varias horas conduciendo. El coche, sin embargo, no se cansa ni pierde la concentración. Durante toda la prueba tuve la sensación de que había una segunda capa de seguridad trabajando de forma permanente y eso aporta una confianza que resulta difícil explicar hasta que se experimenta en primera persona. ¿En qué coches está disponible? Ford ha comenzado a extender BlueCruise más allá del Mustang Mach-E, el modelo con el que debutó esta tecnología en Europa. Ahora también está disponible en los Ford Kuga, Ford Puma y Ford Puma Gen-E, siempre que estén equipados con transmisión automática. En el caso del Kuga puede incorporarse en las versiones Titanium, ST-Line, ST-Line X y Active X, mientras que en la gama Puma está disponible en los acabados Titanium, ST-Line, ST-Line X y ST. Además, la marca comercializa versiones específicas denominadas BlueCruise Edition, que incluyen esta tecnología de serie junto a un equipamiento más completo, detalles estéticos exclusivos y la suscripción permanente al sistema. Ford también ha confirmado que la tecnología llegará próximamente al Ranger híbrido enchufable, ampliando todavía más su disponibilidad dentro de la gama. Precios y formas de contratación Una de las particularidades de BlueCruise es que puede adquirirse de diferentes formas. Los vehículos compatibles incluyen tres meses de prueba gratuita y, una vez finalizado ese periodo, el usuario puede elegir entre una suscripción mensual de 24,99 euros o una anual de 280 euros. También existe la posibilidad de contratar la licencia permanente al comprar el vehículo, una opción que viene incluida de serie en las versiones BlueCruise Edition. En cuanto a los precios, el Ford Kuga con posibilidad de utilizar BlueCruise parte desde 31.800 euros en acabado Titanium Full Hybrid. Por su parte, el Ford Puma arranca en 26.500 euros y el Puma Gen-E eléctrico desde 29.900 euros. Para quienes busquen las versiones más completas, los precios de las ediciones BlueCruise Edition comienzan en 36.200 euros para el Kuga Full Hybrid, 38.950 euros para el Kuga híbrido enchufable, 29.700 euros para el Puma híbrido de 125 CV, 30.200 euros para la variante de 155 CV y 33.500 euros para el Puma Gen-E eléctrico. Además, los clientes pueden optar por el denominado Paquete Tech, que incorpora todo el hardware necesario para utilizar BlueCruise junto a otros sistemas avanzados de asistencia a la conducción, como el control de crucero adaptativo, la cámara de visión 360 grados, el reconocimiento de señales, el asistente de velocidad inteligente o el sistema de detección de ángulo muerto. Este paquete tiene un precio de 1.000 euros en el Ford Kuga y entre 1.450 y 1.500 euros en los diferentes Puma. Una de esas tecnologías que cambian la forma de viajar Ford asegura que BlueCruise acumula ya más de cinco millones de horas de conducción a nivel mundial y, después de probarlo, entiendo perfectamente por qué la marca considera que estamos ante uno de los avances más importantes de los últimos años en materia de asistencia a la conducción. No estamos ante un coche autónomo ni ante una tecnología que permita olvidarse de la carretera. Lo que ofrece es algo mucho más útil y realista: reducir el cansancio, aumentar la sensación de seguridad y transformar la experiencia de viajar por autopista. Después de bajarme del coche pensé que lo más llamativo de BlueCruise no es que puedas conducir sin tocar el volante. Lo realmente sorprendente es descubrir lo rápido que te acostumbras a hacerlo y lo mucho que se reduce la tensión que normalmente damos por asumida cuando pasamos horas al volante. Es una de esas tecnologías que generan dudas antes de probarlas, pero que empiezan a tener sentido desde el mismo momento en que recorres los primeros kilómetros con ella activada.