El XRQ-73Apareció en un comunicado escueto, con dos fotografías y la palabra clave que llevaban dos años esperando los aficionados a los aviones experimentales: vuela. El XRQ-73 SHEPARD, el dron de Northrop Grumman desarrollado para DARPA, completó su primer vuelo en abril desde la base aérea de Edwards, en California. Y la imagen que circula confirma que el aparato no es exactamente el que vimos en 2024.El SHEPARD (Series Hybrid Electric Propulsion AiRcraft Demonstration) es un programa pensado para demostrar que los motores híbridos de gasolina y batería pueden mover aviones militares con bajo consumo y, sobre todo, con un sigilo acústico que un turbofán convencional jamás alcanzará. La idea es ambiciosa: un dron de espionaje capaz de acercarse a objetivos sin que el oído humano lo capte hasta que ya está encima.El programa quedaba en penumbra desde 2024, cuando DARPA dejó caer que el primer vuelo se haría antes de fin de año. Ese plazo se evaporó. Lt. Col. Clark McGehee, responsable del programa, ha reconocido a TWZ que la integración planteó retos técnicos imprevistos durante las pruebas en tierra. Ahora, con la campaña de vuelo en marcha, el ala volante por fin está enseñando lo que sabe hacer.Un rediseño cargado de pistasLas nuevas fotografías revelan cambios profundos respecto al concepto inicial. Han aparecido dos estabilizadores verticales en lo alto de cada ala, una toma de aire dorsal auxiliar entre las dos principales y al menos dos antenas tipo cuchilla negras sobre el fuselaje. En el morro hay un carenado nuevo que parece alojar una cámara frontal para apoyo al pilotaje y a la conciencia situacional durante los ensayos.Los datos que ha publicado DARPA dejan poco margen al juego de adivinanzas. El XRQ-73 entra en la categoría Group 3 del Pentágono, pesa unas 1.250 libras (566 kilos), puede volar entre 3.500 y 18.000 pies y mantener velocidades de entre 100 y 250 nudos. Es bastante más grande que su predecesor XRQ-72A, que rondaba las 300 a 400 libras y montaba una envergadura de nueve metros. La diferencia entre los dos modelos da una pista sobre la capacidad de carga que persigue el programa.La designación RQ apunta sin disimulos al perfil de la misión: inteligencia, vigilancia y reconocimiento. La propulsión híbrido-eléctrica añade ventajas en firma infrarroja y firma acústica, y el conjunto luce características de baja observabilidad capaces de sortear radares enemigos. Detrás de las cámaras, Scaled Composites, la subsidiaria de diseño avanzado de Northrop, ha sido la encargada de materializar el aparato, una casa con larga tradición en prototipos audaces.El futuro inmediato del programa, eso sí, queda en el aire. Una revisión rápida del presupuesto de DARPA para el ejercicio 2027 no incluye fondos nuevos para SHEPARD. La explicación habitual en estos casos es que el proyecto se reorganiza, cambia de marca o se traslada al ámbito clasificado. En paralelo, AFRL adjudicó el año pasado a General Atomics el contrato GHOST, también de propulsión híbrida, por algo más de 99 millones de dólares. La tecnología híbrida avanza en varios frentes a la vez.McGehee ha confirmado que la campaña de vuelo será corta y orientada a madurar la propulsión. Lo que venga después dependerá del Pentágono y de cuánta tecnología de la que aquí se prueba acabe en aviones operativos. La industria estadounidense lleva tiempo prometiendo un salto en propulsión y, esta vez, ha empezado a enseñar las cartas.