El simulador de vuelco del RACC, en las instalaciones de PRISA Media.El coche ha volcado, la mañana se ha puesto del revés y han empezado a caer en el habitáculo algunas pelotitas de plástico y, sobre todo, ciertas ideas preconcebidas. Ha sido un giro tan lento que ha dado tiempo a imaginar la presumible e inabarcable violencia de un vuelco de verdad. Ese pequeño caos lo ha preparado el Real Automóvil Club de Catalunya (RACC) como ejercicio estrella de una breve charla sobre conducción segura. En la plataforma de simulación, un viejo Renault Megane ha dado una delicada voltereta a ocho kilómetros por hora y el cinturón de seguridad ha emergido como única certeza. —La gente se pone el cinturón para que no le multe la Guardia Civil y no para que le salve la vida. Tira para arriba y que apriete, que apriete. Eso vais a hacer a partir de ahora todos los días de vuestra vida cuando os montéis en un coche, sea de acompañante o de conductor, ¿vale? Tirón para arriba, por favor. En el patio interior de la calle Miguel Yuste, entre las sedes de EL PAÍS y el diario AS, habla Salvador Navarro García, formador del RACC y experto en seguridad vial. PRISA Media ha organizado la actividad para conmemorar el Día Mundial de la Seguridad y salud en el Trabajo y Navarro va poniendo de vuelta y media muchas creencias asentadas entre los automovilistas. Un siniestro cada 13 segundos “Todos somos fantásticos conductores, pero en España cada 13 segundos hay un siniestro y cada tres minutos y medio alguien está siendo atendido en una ambulancia”, dice. Cinco personas mueren al día a causa de un accidente de tráfico en las carreteras o las vías urbanas, 1.785 en 2024, último año con datos oficiales confirmados por la Dirección General de Tráfico (DGT). Navarro recuerda, por ejemplo, que el asiento “menos malo” para los niños es el trasero central, protegido de los posibles choques laterales, o, en su defecto, el que se ubica tras el piloto: “El lado egoísta”. Por instinto, en una maniobra de emergencia, cualquier conductor gira el coche de forma que él quede a salvo. Y sostiene que las manos no se ponen a las diez y diez (como se recomendaba hace unos años), sino a las nueve y cuarto, porque así se garantiza un mejor agarre del volante. “Hemos cambiado de siglo y de hora”, subraya. También recomienda utilizar siempre neumáticos all season o de todo tiempo. Son más caros, “pero ese día en que todo está en contra, sobre una placa de hielo o en el suelo mojado, son magníficos”. Cursos de conducción segura Lo anterior sirve para apuntalar una idea: todos los conductores deberían recibir un curso de conducción segura. “Necesito que la gente entienda que conducir es muy fácil, pero salvar la vida a mi familia [ante una emergencia en la carretera] es imposible si no tengo formación”, sentencia. Solo así se recuerdan ideas tan sencillas como que no se conduce con una mano. Se ve en la carretera a diario: gente con la izquierda en el volante y la otra en la palanca de cambios, en la pierna del copiloto o en la pantalla del salpicadero. “O sea, pones la vida de tu familia en una mano con la que no eres capaz de hacer ni un cero con un boli”, espeta el formador del RACC. Navarro va dejando caer otros conceptos. Que frenes mucho, por ejemplo: “Hace años nos equivocábamos enseñando a la gente a esquivar. No: haz lo posible por no llegar al momento de esquivar. Frena”. La investigación de siniestros de tráfico enseña que muchos conductores todavía pisan el pedal, dejan de hacerlo y vuelven a pisarlo, como si los coches no llevaran ABS. “Frena como si no hubiera un mañana, hasta que el culo se levante del asiento”, insiste Navarro. También en una curva. “El coche te va a ayudar en todo momento”, vuelve a insistir. Cómo hacer un 50-0 El experto, en ese punto, propone una tarea para casa. Un 50-0. “Me voy a un polígono vacío un fin de semana, donde no moleste a nadie, y [con el coche a 50 km/h] hago: ‘Tres, dos, uno, ¡pam!’ Un test de frenada”, explica. Y con eso el conductor puede apreciar cómo responde su coche y adivinar qué podría pasar en una emergencia similar en la carretera. Y cómo de fuerte tiene que sujetar el volante, entre otras cosas. Y luego queda hablar del vuelco. Si ha sido imposible controlar el coche, “confía en el cinturón y pon las manos así [y las cruza sobre el pecho], porque ya no tienes otra alternativa”. Cuando eso ocurre a 70, a 80 o a 100 kilómetros por hora se rompen los cristales, hay muchísimo ruido y el instinto invita a colocar las manos en el techo, protegerse la cabeza y morirse de miedo. No es buena idea: si un turismo vuelca, la parte más perjudicada será la de arriba. Por eso merece la pena bajar el asiento, dejar espacio a la cabeza –explica Navarro– y apretar siempre el cinturón (sobre las caderas y el pecho) como si se fuera a tener un accidente, por si acaso. Hay mucha carne que sujetar y a veces ocurre. En 2024 hubo 6.587 siniestros con vuelco en los que murieron 161 personas y más de 8.000 resultaron heridas.