En un país sin tradición reciente en la fabricación de superdeportivos, el nombre de Spania GTA irrumpió con fuerza a finales de la década de los 2000. El objetivo era claro: crear un coche capaz de mirar de tú a tú a marcas como Ferrari o Lamborghini, pero con sello valenciano.Detrás del proyecto estaba Domingo Ochoa, mecánico desde la adolescencia, expiloto y empresario vinculado a la competición. Tras abrir en 1994 un concesionario Hyundai en Torrente (Valencia) y fundar en 1998 la escudería GTA Motor Competición —por la que pasaron pilotos como Jaime Alguersuari—, Ochoa decidió en 2009 dar un giro radical: abandonar la Fórmula 3 y lanzarse a construir su propio superdeportivo. De maqueta en Valencia a producción limitada El proyecto, gestado en secreto desde 2005, vio la luz en 2008 bajo el nombre de GTA Hispano. La puesta de largo se celebró en la Ciudad de las Artes y las Ciencias, un escenario tan futurista como el coche que se pretendía presentar. Aquella primera maqueta anticipaba un modelo que prometía cifras y soluciones técnicas inéditas en España. La producción arrancó oficialmente en 2012 ya como Spania GTA Spano, con una tirada limitada a 99 unidades y un precio que rondaba los 700.000 euros en sus primeras fases, escalando posteriormente hasta cifras cercanas al millón. La fabricación, completamente artesanal, se estableció en Ribarroja del Turia (Valencia), donde cada unidad se construía bajo pedido. Desde el principio, el Spano apostó por diferenciarse no solo por prestaciones, sino por tecnología. Fue uno de los primeros automóviles del mundo en incorporar grafeno en algunos de sus componentes —una innovación presentada en el Salón del Automóvil de Ginebra— y desarrolló soluciones propias como cristales inteligentes con control electrónico de opacidad en su espectacular techo panorámico. Ingeniería de altos vuelos Técnicamente, el Spano jugaba en la liga de los grandes. Su chasis monocasco tipo "honeycomb" combinaba fibra de carbono, titanio y kevlar, con un peso inferior a 80 kg. La carrocería también recurría masivamente a la fibra de carbono, dejando el conjunto en torno a 1.350 kg. En el apartado mecánico, el bloque V10 de origen Chrysler —derivado del Dodge Viper— evolucionó hasta alcanzar los 820 CV en sus primeras versiones y 925 CV en la actualización de 2015. Con más de 370 km/h de velocidad punta y un 0 a 100 km/h en 2,9 segundos, el Spano se colocaba sobre el papel entre los cinco coches más rápidos del mundo. Además, el conductor podía regular electrónicamente la entrega de potencia, adaptándola desde cifras más "contenidas" hasta desatar todo el potencial del V10. La transmisión, suministrada por CIMA —proveedor también de firmas como Koenigsegg o Pagani— reforzaba su posicionamiento en la élite técnica. Con estos argumentos, el Spano aspiraba a recuperar el espíritu de marcas históricas como Hispano-Suiza o Pegaso, que décadas atrás habían situado a España en el mapa del automóvil de altas prestaciones. El Ferrari español que luchó contra la realidad Sobre el papel, el Spano tenía todo para competir con Ferrari o Lamborghini: potencia, exclusividad, materiales exóticos y una producción limitada que garantizaba rareza. Sin embargo, la realidad empresarial fue más compleja. A pesar de la enorme repercusión mediática —con cientos de miles de referencias en internet y titulares que lo situaban "por encima" de los italianos— las ventas fueron testimoniales en sus primeros años. La compañía atravesó dificultades financieras, recurrió a inversores internacionales en Reino Unido y Singapur y sobrevivió en parte gracias a la venta de prototipos y a una intensa estrategia de marketing. Pero si algo ha definido al proyecto es la tenacidad de Ochoa. Lejos de abandonar, ha seguido evolucionando el modelo y anunciando nuevas versiones, incluida una futura serie aún más radical. De Hollywood a las consolas Si en la carretera su presencia ha sido limitada, en la cultura popular el Spano ha disfrutado de una segunda vida. Una réplica del modelo apareció en la escena final de la película Need for Speed, adaptación cinematográfica del popular videojuego. Su silueta también ha recorrido millones de pantallas en sagas como Need for Speed, Asphalt 8: Airborne, CSR Racing o la saga Forza Horizon, convirtiéndose en embajador digital del superdeportivo español para toda una generación de aficionados. Esa presencia mediática ayudó a consolidar su imagen como objeto aspiracional, incluso para quienes jamás verían uno en persona. El futuro: un one-off con nombre propio Lejos de dar el proyecto por cerrado, Domingo Ochoa ha confirmado el desarrollo de una versión única: el GTA Spano E&D, un one-off pensado exclusivamente para circuito y desarrollado junto a su hijo Ethan. Esta unidad servirá como laboratorio tecnológico y anticipo de una futura serie "R", más radical y enfocada a prestaciones extremas. En un mercado dominado por gigantes con décadas de historia y presupuestos multimillonarios, el GTA Spano representa algo distinto: la obstinación de un emprendedor por construir un superdeportivo desde cero en España. Quizá no haya inundado las calles como un Ferrari o un Lamborghini, pero su mera existencia ya lo convierte en una rareza fascinante. Un coche que nació en un polígono valenciano con la ambición de codearse con la aristocracia del motor y que, contra todo pronóstico, sigue escribiendo su historia.