Cuando en un coche aparece una avería grave, rara vez es culpa de un único componente que ha dejado de funcionar de la noche a la mañana. En un vehículo hay una infinidad de piezas, y cada una de ellas cumple una función importante para el funcionamiento del sistema, pero también son responsables de pequeños desgastes o fallos que pasan desapercibidos hasta que provocan un fallo general.Por eso, los especialistas insisten en que prestar atención a los detalles puede marcar la diferencia entre una revisión rápida y una avería grave y cara de solucionar. En este sentido, Edward de los Santos, trabajador del taller Los Santos en Olot, ha explicado que el filtro de aceite es el origen de muchas averías.Esta pieza de 10 euros puede evitarte una avería de 2.000 euros: un mecánico avisa a los conductores El filtro de aceite El filtro de aceite es uno de los componentes más importantes en lo que a la salud del vehículo se refiere. Se encarga de recoger todas las partículas metálicas y residuos que se producen por el desgaste del aceite del motor y que se quedan en el propio líquido, empeorando su capacidad lubricante. Es decir, actúa como una especie de barrera que retiene los contaminantes del aceite del motor. Desde el RACE aseguran que, sin él, se produciría a largo plazo una obstrucción del circuito del aceite que acabaría con una avería mucho más grande que es el gripaje del motor. El problema es que, como suele suceder con los componentes mecánicos, se va deteriorando con el paso del tiempo hasta que deja de rendir. Cambiar el filtro de aceite Cuando el filtro de aceite está demasiado viejo llegan la suciedad, el desgaste y las averías caras. Por eso, es importante no olvidarlo y cambiarlo cada vez que se realiza el mantenimiento del vehículo. O lo que es lo mismo, hay que sustituirlo al menos una vez al año o cada 10.000 kilómetros, lo que antes suceda. Aun así, lo mejor es prestar atención a señales como ruidos metálicos o el sobrecalentamiento del motor. La buena noticia para los conductores es que es una pieza cuyo valor ronda los 10 euros y que, como mucho, cuesta 40 euros. En definitiva, siempre es mejor cambiarlo en caso de duda para prevenir averías mucho más caras que, según Edward de los Santos, pueden alcanzar los 2.000 euros.