La Guardia Civil ha vuelto a poner el foco en uno de los delitos más persistentes y difíciles de erradicar en el ámbito del automóvil. Dos personas han sido detenidas en La Rioja como presuntas responsables del robo de 103 catalizadores, con un valor estimado de 18.000 euros, tras ser interceptadas en la AP‑68, a la altura de Alagón (Zaragoza), cuando transportaban 24 catalizadores ocultos en bolsas. La investigación apunta a un robo planificado y especializado, un patrón que se repite en toda España y que confirma que el catalizador sigue siendo una de las piezas más codiciadas por las bandas organizadas. Un delito rápido, discreto y muy rentable El modus operandi apenas varía. Los delincuentes actúan por la noche o en zonas poco transitadas, levantan el vehículo en segundos y cortan el tramo del escape donde se aloja el catalizador. En muchos casos, el robo no dura más de dos minutos. El conductor descubre el delito a la mañana siguiente, al arrancar el coche y escuchar un ruido ensordecedor. El daño, además, no se limita a la pieza sustraída: la reparación suele ser costosa y en algunos modelos puede superar con facilidad los mil euros. Pero ¿por qué precisamente el catalizador? Qué es el catalizador del coche El convertidor catalítico es un elemento esencial del sistema de escape. Se hizo obligatorio en 1993 para los motores de gasolina y en 1997 para los diésel, como parte del endurecimiento de la normativa anticontaminación. Su función es reducir la toxicidad de los gases de escape, transformando compuestos nocivos en otros menos dañinos mediante un proceso químico de oxidación‑reducción. Para que ese proceso sea eficaz, el catalizador utiliza metales muy concretos, capaces de acelerar esas reacciones sin degradarse. Primer plano del catalizador de un coche, integrado en la línea de escape. Por qué se roban los catalizadores La clave está en lo que no se ve a simple vista. En el interior del catalizador se encuentran metales preciosos como el platino, el paladio y el rodio, materiales con un valor muy elevado en los mercados internacionales. En algunos momentos, el precio del rodio ha llegado incluso a superar al del oro, lo que ha convertido al catalizador en un objetivo prioritario para el mercado negro. No se trata de robos aislados. La Guardia Civil y la Policía Nacional han desarticulado en los últimos años varias organizaciones criminales especializadas, capaces de cometer decenas de hurtos en pocas semanas y de canalizar las piezas robadas hacia redes de compraventa clandestina. Este último caso de La Rioja encaja perfectamente en ese perfil: volumen elevado, transporte organizado y ocultación de las piezas para su posterior reventa. Un problema que trasciende fronteras España no es una excepción. El robo de catalizadores se ha convertido en una tendencia internacional, con especial incidencia en países como Estados Unidos, donde algunas ciudades han registrado miles de denuncias en pocos meses. La facilidad para revender los metales y la dificultad para rastrear el origen de las piezas hacen que este delito sea complicado de erradicar, pese al aumento de la vigilancia policial. Cómo evitar el robo del catalizador No existe una solución infalible, pero sí una serie de medidas que pueden reducir el riesgo o, al menos, actuar como elemento disuasorio: Aparcar en garaje siempre que sea posible. El acceso restringido dificulta la actuación de los ladrones. Si se aparca en la calle, evitar zonas solitarias y mal iluminadas. La rapidez del robo no elimina la necesidad de discreción. No subir ruedas a la acera, ya que eleva el coche y facilita el acceso a los bajos, especialmente en turismos de poca altura. Marcar el catalizador con la matrícula o el número VIN del vehículo, complicando su reventa. Pintar el catalizador con pintura térmica llamativa para hacerlo fácilmente identificable en el mercado ilegal. Instalar una plancha protectora inferior o jaula metálica. No impide el robo al cien por cien, pero aumenta el tiempo necesario para sustraer la pieza y puede hacer que el ladrón desista. Una amenaza que sigue presente El caso registrado en La Rioja confirma que el robo de catalizadores sigue siendo un problema muy actual, impulsado por el alto valor de los metales preciosos y por redes cada vez más profesionalizadas. Mientras exista demanda en el mercado negro, el catalizador continuará siendo una de las piezas más vulnerables del coche. Para el conductor, la prevención sigue siendo, hoy por hoy, la mejor defensa frente a un delito silencioso que puede resultar tan rápido como costoso.